Romper con BRICS, romper con el comprador: Jujuy y el costo de pelearse con China

Romper con BRICS, romper con el comprador: Jujuy y el costo de pelearse con China

Perico Noticias, 25 de enero del 2026 // Jujuy no vive de consignas: vive de mercados. Y en el mapa real de los negocios globales, China dejó de ser “una potencia lejana” para convertirse en el gran demandante de minerales, alimentos y energía de la región. El salto es brutal: el comercio China–América Latina pasó de alrededor de USD 12.000 millones en 2000 a más de USD 500.000 millones en 2024. No es una moda: es un cambio estructural del siglo.

En ese contexto, apostar “solo” por Estados Unidos como eje exclusivo de política exterior no es convicción: es riesgo de caja. Porque cuando un gobierno decide tensar el vínculo con el principal comprador, el impacto no cae en Davos: cae en provincias como Jujuy, donde el empleo directo e indirecto depende de que haya demanda, precio, logística, financiamiento y continuidad de inversiones.

La discusión sobre BRICS se entiende mejor con una pregunta simple: ¿a quién le vendemos y quién nos financia? Salirse de esa mesa no era “salvación automática”, pero sí una puerta adicional para comercio, cooperación y crédito en un mundo que ya opera con esquemas alternativos y donde la competencia por inversiones es feroz. Argentina, de hecho, formalizó que no ingresaría al bloque tras la invitación cursada.

Para Jujuy, esto tiene nombre y apellido: infraestructura y proyectos que requieren músculo financiero. El Parque Solar Cauchari, emblema energético provincial, se apalancó con financiamiento de la banca china (Exim Bank), un dato clave porque muestra algo que el discurso ideológico suele ocultar: los proyectos no se construyen con declaraciones, se construyen con crédito, ingeniería y compras.

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Además, la relación con China no es solo “exportaciones”: también es estabilidad financiera nacional que termina impactando en las provincias. La propia dinámica reciente mostró que Argentina sostiene vínculos sensibles con Beijing (por ejemplo, a través de líneas de swap y entendimientos económicos), lo que vuelve aún más costoso jugar a la confrontación permanente.

Entonces, ¿cuál es el error de fondo? Confundir geopolítica con marketing doméstico. En la economía real, nadie te premia por insultar a un socio comercial: te cobran con menos demanda, más incertidumbre y condiciones más duras. Y en un país donde la macro aprieta, el costo lo paga el interior: menos actividad, menos recaudación propia y más dependencia de transferencias nacionales justo cuando esas transferencias también se vuelven más tirantes.

Jujuy necesita lo contrario: diplomacia productiva. Vender a quien compra, atraer inversiones de donde existan, abrir mercados sin romper puentes y negociar con inteligencia para que minería, energía y agro generen encadenamientos locales (empleo, proveedores, logística, servicios). En el nuevo orden, la provincia no puede darse el lujo de pelearse con la demanda: porque cuando se rompe el comprador, lo que se rompe no es un discurso… es el trabajo.

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