Perico Noticias, 28 de enero del 2026 // Mientras Jujuy debate diagnósticos, otras provincias ejecutan. Esta semana el MERCOSUR informó que el FOCEM completó el primer desembolso del proyecto “Obras prioritarias de recuperación de la infraestructura de la Línea Urquiza” en Entre Ríos, Corrientes y Misiones: US$ 4.447.543 (primero US$ 2,15 millones y luego otros US$ 2,297 millones), habilitando el pago de anticipos financieros y los primeros certificados de obra.
No se trata de un anuncio vacío. Hay ingeniería de proyecto: el FOCEM financiará US$ 29,8 millones para recuperar 210 km de vías y renovar dos puentes, con US$ 14,6 millones de contrapartida local; las obras apuntan a mejorar conectividad y transporte de cargas (productos agrícolas, cemento, pasta de celulosa) y proyectan finalización hacia 2027. En términos de negocio público, esto es lo que Jujuy necesita: capex con fuente externa, ejecución profesional y cronograma verificable.
Ahora bien: ¿cómo se llega a ese fondeo? El FOCEM no es una caja “a demanda” ni un premio. Los proyectos deben presentarse por organismos públicos a través de las Unidades Técnicas Nacionales (UTNF), cumpliendo requisitos de formulación y el reglamento del fondo. En Argentina, la postulación exige, además, carga y gestión en el Banco de Proyectos de Inversión Pública (BAPIN), como parte del procedimiento oficial para proyectos a financiar por FOCEM. Es decir: hace falta capacidad técnica, decisión política, y una oficina que empuje el expediente hasta que se apruebe y se desembolse.
Y aquí aparece la paradoja jujeña. La provincia se reconoce —y es reconocida— como actor clave del Corredor Bioceánico Capricornio, con el Paso de Jama como eje de tránsito internacional, logística y turismo. Pero en infraestructura pesada seguimos con síntomas de estancamiento: promesas ferroviarias que no terminan de transformarse en servicios regulares y corredores viales que, por falta de inversión sostenida, se vuelven un factor de costo y riesgo.
La comparación duele, pero ordena. En la Mesopotamia, la integración real se mide en rieles, puentes y toneladas. En Jujuy, que es puerta natural hacia el Pacífico, la integración se sigue midiendo demasiado en discursos. Y mientras tanto, la competitividad se erosiona: el productor paga más flete, el exportador pierde tiempo, el turismo pierde previsibilidad y la provincia se encarece para atraer inversiones.
La pregunta entonces no es ideológica; es de gestión y performance institucional:
¿Por qué otras provincias lograron estructurar un proyecto elegible, presentarlo por los carriles correctos y asegurar desembolsos, y Jujuy no?
Si el corredor es prioridad, ¿dónde está el portafolio de proyectos bancables? ¿Quién lidera la ingeniería financiera? ¿Qué se presentó, cuándo, y con qué resultados?
En este punto, las áreas provinciales vinculadas a Relaciones Internacionales y al Ministerio de Producción deben dar explicaciones públicas, con datos: proyectos presentados, estado de trámite, observaciones técnicas, contrapartidas comprometidas y estrategia para fondeo. Porque el costo de no hacerlo ya se paga: desventaja logística, pérdida de oportunidades y una provincia estratégica que corre el riesgo de quedar como simple “territorio de paso”, en vez de plataforma productiva.
La Mesopotamia consiguió rieles con dólares regionales. Jujuy tiene el corredor, la frontera y el destino. Lo que falta —y urge— es lo esencial: gestión que convierta geopolítica en obra.
