Perico Noticias, 9 de febrero del 2026 // La victoria contundente de Sanae Takaichi en Japón —con mayoría calificada de dos tercios en la Cámara Baja según la información que circula en medios y reportes oficiales recientes— reabre una verdad incómoda: cuando la economía aprieta, la política vuelve al bolsillo. Prometer alivio directo (menos impuestos a alimentos, transferencias, subsidios o “dividendos”) ya no es excepción, es método. Y el resultado electoral parece confirmarlo.
En términos estratégicos, lo de Japón marca un giro de alto impacto: mayoría legislativa amplia, margen para reformas trabadas y expectativa de mayor gasto público. El mercado leyó gobernabilidad y previsibilidad política como señal alcista en activos japoneses, consolidando la tesis de “estabilidad + intervención selectiva” como combo rentable en el corto plazo.
Pero el dato más relevante no es Japón aislado: es la convergencia global. En EE. UU., el debate sobre transferencias directas reapareció con fuerza bajo la idea de “DOGE dividend”, con Trump diciendo que lo evalúa; hoy no hay un esquema aprobado de “USD 4.000 para todos”, pero sí una narrativa electoral centrada en devolver plata a contribuyentes.
En Argentina, mientras tanto, el sistema de asistencia social masiva sigue siendo un factor estructural del equilibrio político y territorial, aun con discurso de ajuste.
La conclusión es directa: la “ortodoxia pura” pierde elecciones; la “ortodoxia con compensación social” las gana. En 2026, la nueva disputa no es Estado sí o no: es quién administra mejor la caja emocional del votante sin romper la sostenibilidad fiscal.
