“Zamora premia a sus empleados con piso salarial $1.130.000+bono $250.000; Jujuy los humilla

“Zamora premia a sus empleados con piso salarial $1.130.000+bono $250.000; Jujuy los humilla

Jujuy: la paritaria en cuotas y el salario en terapia intensiva

Anticipo. Santiago del Estero oficializó una recomposición que marca agenda: 42,4% al básico desde febrero, bono de $250.000 el 20 de febrero, piso salarial de $1.130.000 y un calendario anual de bonos y ayuda escolar. En Jujuy, en cambio, la oferta de 10% en cuatro cuotas, con una primera entrega mínima y sin bonos, dibuja un mensaje político inquietante: no hay plan de recuperación del salario, hay administración de la pérdida.

El contraste no es técnico: es estratégico. No es “una provincia rica y otra pobre” como excusa automática. Es prioridad presupuestaria, es decisión de gestión y, sobre todo, es un modelo de relación con su fuerza laboral.

Dos gobiernos, dos señales

En Santiago del Estero, Zamora envía una señal explícita: blindar el consumo básico y amortiguar el endeudamiento doméstico en docentes y estatales. El bono “inicio de clases” no es solo plata: es timing. Se paga antes del arranque del ciclo lectivo, cuando las familias enfrentan el pico de gastos. A eso le suma piso salarial y previsibilidad con un cronograma de bonos que funciona como ancla social.

En Jujuy, Sadir envía otra señal: cuotificar, “patear” y licuar. Cuotas pequeñas en un contexto inflacionario son una forma elegante de decir “no se recompone”. Es administrar el conflicto con calendarización, pero sin resolver el problema real: la canasta se paga al contado, el salario llega en cuotas.

¿Por qué Jujuy tan poco?

Hay tres lecturas posibles, y ninguna deja bien parada a la administración:

  1. Restricción fiscal real, pero mal priorizada. Si el argumento es “no hay plata”, entonces la discusión pasa a ser: ¿en qué sí hay plata? Porque cuando el salario se derrumba, se cae el sistema completo: calidad educativa, salud, seguridad, productividad estatal y paz social.
  2. Negociación de baja intensidad. La oferta sugiere un gobierno que cree que el deterioro salarial es tolerable. Eso, en términos de management público, se llama subestimar el costo social. El resultado: más deuda familiar, más pluriempleo, más ausentismo por estrés, menos rendimiento, más conflictividad.
  3. Miseria planificada (la peor lectura, pero la que se siente en la calle). Cuando la política acepta que el trabajador “se arregle” con tarjeta, fiado y préstamos, y encima lo invita a esperar cuotas, lo que está haciendo es empujar a miles a una supervivencia salvaje: pagar comida o pagar deuda, elegir remedios o útiles, alquilar o estudiar.
  “¿Estudiar para qué? El miedo silencioso de la Gen Z ante trabajos que la IA ya está reemplazando”

La pregunta que quema: ¿y los gremios?

Con una diferencia tan grande en la región, el foco pasa inevitablemente a las conducciones sindicales. No para “romper todo”, sino para hacer lo que corresponde en democracia: elevar la presión negociadora, transparentar el conflicto y poner sobre la mesa un objetivo mínimo: recuperación real del poder adquisitivo, no porcentajes decorativos.

Si la representación gremial se limita a administrar el malestar sin resultados, el mensaje hacia las bases es peligroso: “acostúmbrense”. Y eso es exactamente lo que no puede naturalizarse.

Santiago del Estero no hizo magia: tomó una decisión política y presupuestaria. Jujuy, por ahora, tomó otra: ajuste por goteo y sin red. La brecha ya no es solo salarial; es de modelo de provincia.

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *