“Boleta Única + Voto Electrónico”: el proyecto que llega tarde… y suena a maniobra

“Boleta Única + Voto Electrónico”: el proyecto que llega tarde… y suena a maniobra

Perico Noticias, 9 de enero del 2026 // La política jujeña tiene un problema de credibilidad, y no se arregla con hardware. El bloque oficialista presenta ahora, con solemnidad institucional, un combo de “Boleta Única” y “Voto Electrónico” como si fuera una epifanía democrática. Pero la memoria social es más persistente que cualquier spot: desde 2013 vienen prometiendo modernización electoral, fueron gobierno desde 2015, manejaron recursos, mayorías, agenda… y, sin embargo, no lo hicieron. Por eso la reacción de indignación no es contra la idea de mejorar el sistema; es contra el oportunismo. La pregunta que estalla en redes no es técnica, es política: ¿por qué ahora? Y la respuesta que la calle intuye es incómoda: porque cuando un oficialismo pierde conexión con la vida real, intenta recuperar control con reglas.

En lo estrictamente técnico, el combo también chirría. Si el objetivo es simplificar y transparentar, ¿por qué duplicar mecanismos? La Boleta Única busca ordenar la oferta y reducir trampas de boletas, robo, faltantes y “sábanas” infladas por la logística. El Voto Electrónico promete velocidad y trazabilidad, pero abre otro frente: auditorías complejas, proveedores, dependencia tecnológica, riesgos de confianza pública y debates que ya estallaron en CABA y en experiencias comparadas. Entonces, ¿qué es esto: una reforma o un “entramado”? Porque si el oficialismo de verdad creyera que el Voto Electrónico es “la solución”, debería sostenerlo solo, con auditoría pública robusta y consenso transversal. Si cree que la Boleta Única alcanza, que vaya con eso y punto. Cuando se apilan sistemas, la gente lee una cosa: más capas para administrar el resultado.

Pero la crítica más fuerte no está en el método: está en la prioridad. Jujuy entra a 2026 con señales de default social: salarios deprimidos, consumo frío, barrios periféricos con infraestructura insuficiente, jóvenes sin horizonte local y un tarifazo energético que amenaza el bolsillo como un impuesto encubierto. En ese marco, la frase que circula con potencia popular no es una metáfora: “La única boleta que hoy desvela al jujeño es la boleta de la luz, el gas y el agua”. Y duele más cuando se compara: Santiago del Estero amortigua con un 40% por dos meses; en Jujuy, el oficialismo aparece con una reforma electoral como agenda de urgencia. La traducción política es letal: parece que gobiernan para la permanencia, no para el alivio.

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Encima, la propuesta llega con el pecado original del propio oficialismo: colectoras, desaguisados electorales, multiplicación de listas y tácticas para “ganar como sea”. Si hubo un gobierno que exprimió las grietas del sistema para sacar ventaja, fue este espacio. Por eso sorprende, pero no porque sume: sorprende por la falta de pudor. Quieren vender “profundización democrática” en una provincia donde el ciudadano siente que la democracia se volvió trámite, y que la Legislatura trabaja más para su microclima que para la calle. Ese es el desaire de fondo: están desconectados de lo que la gente demanda ahora.

Y si de “participación” hablan, hay un punto que el proyecto debería tocar primero, antes que pantallas y urnas: bajar el piso electoral. Con el 5% como barrera, los partidos chicos y expresiones vecinales quedan estructuralmente condenados. ¿Qué participación amplían si el sistema sigue blindado para que solo jueguen los mismos? Abrir la competencia es abrir la representación. Lo otro es modernización estética. En términos empresariales: están optimizando el proceso, pero manteniendo el monopolio.

Finalmente, no vendan la Boleta Única como antídoto moral si no discuten lo que la gente sabe, aunque no use tecnicismos: la Boleta Única no elimina la lista sábana; la maquilla. Se elige una cara “presentable” y detrás viaja el tren completo: nombres desconocidos, acuerdos de aparato, impresentables protegidos por el arrastre. Cambia la vidriera, no el depósito. Una reforma de verdad debería enfrentar ese núcleo: cómo se arman listas, cómo se exhiben nombres, qué control ciudadano hay sobre la nómina completa y cómo se evita que el poder se reproduzca por ocultamiento.

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Por eso, el rechazo social no es capricho. Es una advertencia: la ciudadanía ya no compra reformas “de cartel” mientras le explota la economía doméstica. Si quieren transparencia, empiecen por lo básico: menos privilegios, menos gasto político improductivo, menos ingeniería electoral y más políticas de supervivencia para la gente real. Lo contrario confirma lo que hoy se grita en la calle y en redes: no están pensando en democratizar Jujuy; están pensando en administrarlo.

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