“Democracias de utilería: Trump reinicia el siglo XX y convierte al mundo en una zona de mando”

“Democracias de utilería: Trump reinicia el siglo XX y convierte al mundo en una zona de mando”

Democracias de utilería: Trump reinicia el siglo XX y convierte al mundo en una zona de mando

La escena es brutal por su simpleza: un liderazgo que no “discute”, ejecuta. No negocia la narrativa: la impone. No compite en el tablero: lo vuelca. Y cuando el mundo observa que, tras Venezuela, las bolsas no se desploman sino que “respiran” —porque el mercado prefiere un mando claro a un caos multipolar— se confirma lo más inquietante: la democracia ya no es un principio universal; es una franquicia bajo licencia.

En otras palabras: tenés democracia… pero mando yo.

El giro real no es Venezuela: es la regla nueva

El hecho decisivo no es solo la captura de un líder. El hecho decisivo es el precedente: la fuerza como trámite. Cuando la intervención deja de ser “excepcional” y se convierte en herramienta repetible, el sistema internacional cambia de naturaleza.

Y cambia también el lenguaje. Ya no hablamos de soberanía, hablamos de “transiciones”. Ya no hablamos de legalidad, hablamos de “amenazas”. Ya no hablamos de ONU, hablamos de “mandatos”. En el fondo, es un retorno crudo al siglo XX, pero con esteroides tecnológicos, financieros y mediáticos: hegemonía + streaming + sanción + dron + relato.

Soberanías artificiales, patrias utópicas, nacionalismos ideológicos

En esta nueva etapa, sobran dos mercancías:

  • patrias utópicas: banderas encendidas para audiencias internas, sin capacidad real de decisión;
  • nacionalismos ideológicos: discursos para consumo doméstico que no resisten una llamada del centro de poder.

Porque la soberanía no es una emoción: es una capacidad. Y cuando no tenés capacidad industrial, energética, tecnológica y militar mínima, lo tuyo no es soberanía: es administración de dependencia.

Así nacen las soberanías artificiales: países que votan, sí; pero dentro de un corral de decisiones ya tomadas.

Mercado en modo “obediencia”: la bolsa vota por el poder

El detalle más corrosivo del escenario es este: el dinero prefiere mando.
Si el mundo entra en incertidumbre, el capital busca refugio en el que puede garantizar reglas (aunque sean brutales). Si la hegemonía promete orden —aunque sea orden por fuerza— el mercado se acomoda.

  “Maduro en Manhattan: el ‘secuestro’ que desnuda al siglo XXI — cuando la fuerza reemplaza a las urnas”

Eso explica por qué, aun con tensión geopolítica, el sistema financiero puede reaccionar con calma: interpreta que hay un “sheriff” dispuesto a usar la placa y el arma. Y en esa lectura, la democracia se vuelve un accesorio: vale si no contradice el interés estratégico del hegemón.

Doctrina Monroe 2.0: LATAM vuelve a ser “teatro de operaciones”

El dato político es directo: América Latina vuelve a ser el espacio donde se prueba, se aplica y se exhibe poder.
No porque falten recursos —petróleo, minerales, agua, corredores bioceánicos— sino porque sobra una condición: Estados frágiles, elites divididas, economías dependientes y sociedades agotadas.

En ese contexto, el mensaje disciplinador se vuelve regional: “no jueguen”. Y “no jueguen” significa: no diversifiquen alianzas, no desafíen el dólar, no faciliten rivales, no tensionen el patio trasero.

Europa occidental también: mandato y tutela

La otra mitad del shock es que el mando no se limita a LATAM. Europa occidental aparece, cada vez más, como zona de influencia: alineamiento estratégico, dependencia energética reconfigurada, y una arquitectura de defensa subordinada. Puede haber autonomía discursiva, pero la autonomía real se achica cuando el tablero se militariza.

Resultado: soberanías en formato “premium”… pero soberanías al fin condicionadas.

¿Tres imperios o un hegemón? La clave es la reacción de Rusia y China

La pregunta de fondo que nadie puede resolver con certeza hoy es si estamos ante:

  • un retorno del hegemón (EE. UU. ordena y el resto administra daños), o
  • una era de imperios (EE. UU., Rusia y China consolidan zonas y convierten el planeta en fronteras vivas).

Pero incluso en el escenario de “tres imperios”, América Latina sigue siendo el capítulo más vulnerable: por geografía, por recursos y por debilidad institucional. En ambos modelos, el margen para la soberanía real se achica.

Lo verdaderamente disruptivo: la democracia se vuelve relativa

Lo que muere no es la elección. Lo que muere es la idea de que la elección garantiza soberanía.
Podés votar, sí. Podés debatir, sí. Podés indignarte, sí.
Pero si la política de fuerza se instala como norma, la democracia queda subordinada a una condición previa: ser funcional al orden que manda.

  Monroe 2.0: el NOA en la línea de fuego — o en la línea de despegue

Ese es el cambio de paradigma.

Y por eso, después de Venezuela, el mundo no entra solo en una crisis geopolítica: entra en una crisis conceptual. La democracia liberal deja de ser “el modelo”. Se convierte en “una opción”… que depende del poder.

¿Desde que asumió Javier Milei, ¿tu situación económica personal?

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *