Perico Noticias, 24 de enero del 2026 // El poder de Trump no está solo en la Casa Blanca ni en el tamaño del mercado estadounidense: está en la capacidad de financiar un déficit gigantesco con ahorro ajeno. Ahí aparece el punto vulnerable. Cuando Washington sube el tono comercial, Europa recuerda que también juega en otro tablero: el del capital, no el de las aduanas.
El nervio del mercado no es el arancel en sí, sino el riesgo de escalada hacia una “guerra financiera”: venta (o no renovación) de bonos del Tesoro, rotación de carteras, retiro de flujos hacia activos denominados en dólares. Estados Unidos depende de compradores externos para absorber deuda y sostener costos de financiamiento. Y Europa —directa o indirectamente— tiene peso: países europeos figuran entre los tenedores relevantes de Treasuries, además de plazas “custodias” como Luxemburgo o Bélgica, donde se estacionan posiciones de fondos globales.
El mecanismo es simple y brutal:
- Si grandes fondos europeos reducen exposición a Treasuries, sube la tasa larga de EE.UU.
- Si sube la tasa, se encarece el crédito, se enfría la economía real y tiembla Wall Street.
- Y si el movimiento es brusco, el dólar puede sufrir y la volatilidad se vuelve sistémica.
Ahora bien: que exista el botón no significa que sea “apretar y listo”. Europa también pagaría costos: vender activos estadounidenses puede implicar pérdidas contables, afectar fondos de pensión, bancos y aseguradoras, y disparar inestabilidad global que golpea primero a economías abiertas. Por eso, más que un plan operativo inmediato, es un recurso disuasivo: un mensaje de “si escalás, te puedo pegar donde duele”.
La Unión Europea, consciente de ese “daño colateral”, estudia respuestas más convencionales: paquetes arancelarios de represalia y restricciones de acceso a mercado para ciertos sectores, con cifras que rondan decenas de miles de millones de euros. El problema: esas herramientas suelen ser lentas y de impacto moderado frente a la amenaza de una sacudida financiera.
A esto se suma Japón, otro actor clave. Cuando el carry trade se desarma (financiarse barato en yen para comprar activos en dólares), los flujos se reordenan y la demanda de activos estadounidenses puede resentirse, elevando tensión en tasas y acciones. No es que Tokio “ataque” a Washington; es que el mercado, cuando huele riesgo, se protege solo.
¿Es Argentina una copia de las políticas extremas de EE.UU. en control y presión?
En el plano geopolítico, la era Trump empuja una lógica: negociación por shock, “problema primero, acuerdo después”. Europa intenta responder con su único idioma realmente universal: la hoja de balance. Pero el efecto colateral es peligroso: si el mundo entra en guerra de aranceles + guerra de capitales, el resultado suele ser “risk-off”: sube el costo del dinero, se achica el crédito y los emergentes pagan la cuenta.
¿Qué implica para el NOA y para Argentina?
- Si EE.UU. termina con tasas más altas por tensión financiera, sube el costo global de financiamiento y se encarece todo: inversión, leasing, export prefinancing, infraestructura.
- Un shock de volatilidad puede bajar precios de commodities y turismo internacional, o volverlo errático: menos previsibilidad para economías regionales.
- La “ventana” para provincias y empresas argentinas se achica: cuando el mundo se asusta, los spreads se abren.
En síntesis: Europa encontró un freno posible porque el poder de Trump no es invulnerable; se apalanca en la confianza global en el activo dólar. Si esa confianza se usa como munición, el sistema cruje. Y cuando cruje, no gana nadie: solo cambian los que pagan primero.
