Perico Noticias, 25 de enero del 2026 // Lo que se dijo en Davos no cae en el vacío: cae sobre provincias como Jujuy, donde la economía real no es un power point sino changas, comercios chicos, empleo público, producción primaria y un consumo interno que respira con dificultad. En la entrevista que usted comparte, Atilio Borón plantea una tesis incómoda: la Argentina discute un piso social devastado y el poder elige negar el tamaño del incendio.
La discusión no es semántica: es de métricas y de decisiones. El INDEC publica pobreza por ingresos y viene mostrando variaciones por semestre; pero cuando los precios corren más rápido que los salarios, el “promedio” llega tarde a la calle. En 2024, distintos informes privados y universitarios registraron saltos fuertes de pobreza tras el shock inflacionario de comienzos de año, y eso explica por qué la percepción social se desacopló del discurso oficial.
Borón habla de un 60% como mínimo y menciona mediciones “muy serias” que trepan al 67% si se toman precios actuales de un país caro con salarios que no acompañan. Ese punto es clave para el NOA: cuando el costo de vida se “europeiza” y el ingreso se “provincializa”, la pobreza se vuelve estructural aunque haya trabajo. Jujuy no solo paga alimentos y logística más cara; también paga la fragilidad del empleo informal y la estacionalidad.
En ese marco, los planes asistenciales dejan de ser debate moral y pasan a ser un instrumento de gobernabilidad: un dique para evitar estallidos. Pero un dique no es un puente. Si la asistencia crece mientras la economía productiva se achica, se instala un “sistema operativo” de pobreza: contención sin movilidad, administración de beneficiarios sin creación de valor.
Jujuy necesita un cambio de arquitectura, no más consignas. Movilidad real significa capital humano con salida laboral: oficios demandados, certificaciones cortas, prácticas profesionalizantes, y un paquete de “primer empleo” para turismo, gastronomía, logística, mantenimiento industrial y servicios mineros. Y significa también compras públicas con impacto: que el Estado provincial y municipal compre a proveedores locales con estándares, trazabilidad y metas de empleo, para que cada peso gire dentro del territorio.
La pregunta fiscal es brutal: una provincia altamente dependiente de coparticipación queda expuesta si Nación ajusta transferencias y, al mismo tiempo, la apertura importadora presiona sobre pymes locales y comercios. Con dólar bajo, exportar cuesta más en competitividad y el mercado interno se vuelve el único pulmón… justo cuando está comprimido. En ese contexto, la minería y sus encadenamientos deben pasar de “enclave” a plataforma: más proveedores jujeños, más servicios, más valor agregado, y una estrategia externa pragmática.
Y ahí aparece el dato geopolítico que Borón subraya: China ya es socio comercial central en la región; para Jujuy, además, es actor relevante por demanda de minerales y por el tablero logístico. Romper puentes por alineamientos ideológicos es mala gestión de riesgo. La reflexión de este domingo, desde Jujuy, debería ser una sola: si negamos el tamaño de la pobreza, también negamos el tamaño de las soluciones. Y cuando el poder niega, el territorio paga—en silencio, hasta que deja de hacerlo.
