Perico Noticias, 7 de enero del 2026 // La creación del Ministerio de Minería en Jujuy no es un capricho administrativo ni un “brindis institucional” mientras otros ajustan. Es, en esencia, un movimiento de supervivencia estratégica en un país que se encamina a un escenario fiscal cada vez más asfixiante para las provincias. Cuando la Nación aprieta el grifo, las jurisdicciones quedan ante una verdad incómoda: o generan su propia caja, o se hunden con su propia gente adentro. En ese marco, elevar Minería a rango ministerial es una forma de decir: “vamos a jugar el partido grande”, aunque el tablero sea brutal.
Jujuy es, formalmente, “Capital Nacional de la Minería”, y sin embargo venía gestionando el sector más dinámico de la última década con una estructura que, para el tamaño del negocio y la complejidad geopolítica actual, quedaba chica. Un ministerio no es solo más rango: es más velocidad de decisión, más capacidad de negociación, más mando sobre expedientes, más coordinación transversal (ambiente, infraestructura, energía, seguridad, tierras, comunidades), y sobre todo, más potencia institucional para cerrar acuerdos en un ciclo de expansión minera donde el timing vale oro. Si el mundo demanda “minerales críticos” y Jujuy los tiene, el atraso burocrático se convierte en costo directo: el negocio no espera.
Pero hay un segundo motivo —más oscuro y más realista—: el horizonte nacional se percibe negro y el default, o una crisis de deuda, aparece como un fantasma permanente. En ese contexto, cada provincia se ve empujada a salir al mercado a buscar inversiones, financiamiento, proyectos y alianzas. Y ahí la estructura institucional importa: un ministerio es una señal a los capitales de que hay un mostrador único, una “ventanilla” con jerarquía, capacidad de firma, y narrativa de política pública. Es, en jerga, gobernanza para atraer capital. No significa que la inversión sea buena por sí misma; significa que en tiempos de desierto fiscal, las provincias compiten por el oasis.

A ese cuadro local se le suma el frente internacional. El orden global se está reacomodando con una lógica de poder más cruda: recursos estratégicos, cadenas de suministro, control territorial indirecto y disputa por influencia. En un mundo donde Estados Unidos acelera su reposicionamiento en América y observa con atención la presencia china en infraestructura y proyectos extractivos, las provincias del NOA dejan de ser periferia: pasan a ser tablero. En ese juego, un Ministerio de Minería es un instrumento más serio y dinámico para gestionar una “apertura sin precedentes” y para sostener negociaciones complejas sin quedar a merced de agendas externas. La provincia entiende que, si no se organiza, otros organizarán por ella.
Ahora bien: que el movimiento sea racional no lo vuelve justo. Porque la minería como “salida sustentable” —aunque sea entre comillas— puede consolidar lo peor si no se le ponen límites. El riesgo es conocido: extractivismo feroz, daños ambientales, conflictos sociales, baja captura de renta, y un saldo final de pasivos (ambientales, sanitarios, hídricos) que paga la gente cuando el ciclo se agota. El Ministerio puede ser una herramienta para gobernar mejor o una máquina para acelerar desigualdad. La diferencia no la marca el organigrama: la marca la política.
Si Jujuy entra en “modo supervivencia”, necesita una segunda fase obligatoria: modo distribución. Es decir: mecanismos concretos para que los minerales críticos no sean solo exportación y foto, sino infraestructura, agua, salud, educación, caminos productivos, empleo registrado y ciencia aplicada. Si no se construye captura de valor —y no solo extracción— el Ministerio no será un salto institucional: será apenas un escalón hacia un modelo donde la riqueza sale y la pobreza queda.
En definitiva, la pregunta no es por qué se creó el Ministerio; la pregunta es para quién se crea. Para agilizar cierres comerciales y seducir capitales, sí. Para ordenar una provincia que ya no puede esperar salvatajes nacionales, también. Pero si no se diseñan herramientas distributivas y controles duros —económicos, ambientales y sociales— la jerarquización minera no será un plan de desarrollo: será un plan de administración del saqueo con papeles más prolijos. Y Jujuy no necesita prolijidad para perder: necesita inteligencia para ganar sin destruirse.
