Nuevo orden mundial, dólar débil e importaciones abiertas: Jujuy frente a la trampa de la coparticipación

Nuevo orden mundial, dólar débil e importaciones abiertas: Jujuy frente a la trampa de la coparticipación

Perico Noticias, 25 de enero del 2026 // El mundo ya no opera con el manual viejo. La globalización “con reglas” se quebró: hoy manda la competencia entre potencias, los bloques comerciales, las sanciones cruzadas y una disputa tecnológica que reordena cadenas de valor. En ese tablero, la estabilidad dejó de ser un derecho adquirido: es un activo escaso, y los territorios periféricos la pagan más cara.

En paralelo, el dólar empieza a perder exclusividad como “lengua única” del comercio y la energía. No desaparece, pero se debilita su monopolio: crecen operaciones en monedas nacionales y acuerdos bilaterales que evitan intermediación financiera tradicional. El síntoma no es ideológico: es pragmático. Cuando los grandes actores buscan autonomía, el flujo global se vuelve más impredecible y más duro con los eslabones débiles.

Para Argentina —y por arrastre para Jujuy— este giro es crítico. Un esquema de importaciones más abiertas combinado con atraso relativo del tipo de cambio real suele producir un efecto “aspiradora”: entran bienes, se plancha la producción local, se licua el mercado interno y cae la recaudación. El Banco Central viene registrando variaciones que reflejan esa tensión sobre la competitividad (Tipo de Cambio Real Multilateral/ITCRM).

Ahora miremos la caja jujeña sin maquillaje: en la ejecución de recursos tributarios 2024, los ingresos de origen nacional superan ampliamente a los de origen provincial (aprox. $351.033 millones versus $68.561 millones). Dicho de forma simple: Jujuy vive atada a la manguera nacional. Cuando Nación ajusta, Jujuy no “acomoda”, se ahoga; hacia fines del 2025 se incrementó el ajuste.

Ahí nace la trampa de la coparticipación: si el mercado interno se seca, la recaudación cae; si la recaudación cae, los envíos no alcanzan; si los envíos no alcanzan, el Estado provincial recorta servicios, posterga obras o toma deuda cara. En un contexto de costos crecientes (salud, educación, seguridad, energía) esa dinámica convierte a la provincia en administración de emergencia, no en plataforma de desarrollo.

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El segundo frente es el comercio exterior real, el que paga sueldos y sostiene proveedores. América Latina ya comercia con China por encima de los USD 500.000 millones anuales (2024). No es una moda: es estructura. Y en Argentina, incluso en un rubro emblemático del NOA como el litio, China fue el principal destino de exportaciones en mediciones recientes (por ejemplo, 2022). Para Jujuy, eso significa algo concreto: pelearse con la demanda global es amputarse ingresos futuros justo cuando más se necesita sostener empleo e inversión.

Con importaciones abiertas y un dólar que no “premia” exportar, el riesgo para Jujuy es doble: pierde músculo productivo local y se vuelve más dependiente de transferencias nacionales en un país que, además, está recortando. Es el peor de los mundos: menos industria/servicios transables, más informalidad, más fragilidad fiscal. Un territorio así no negocia; obedece.

La salida no es un eslogan; es un plan. Jujuy necesita diversificar mercados, consolidar turismo con estándares profesionales, desarrollar logística regional, fortalecer encadenamientos de valor (minería–servicios–proveedores; agro–industria; economía del conocimiento) y blindar recaudación local con instrumentos modernos (digitalización tributaria, compras públicas con impacto, clusters). En el nuevo orden, el que no construye poder económico propio termina siendo sucursal de decisiones ajenas.

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