Shock de industricidio: de Buenos Aires a Jujuy, el “modelo” ya no se sostiene — y la caída libre empezó

Shock de industricidio: de Buenos Aires a Jujuy, el “modelo” ya no se sostiene — y la caída libre empezó

Perico Noticias, 12 de enero del 2026 // Hay un punto en el que la discusión deja de ser técnica y se vuelve moral: cuando un esquema económico convierte a la producción en daño colateral. Eso es lo que estamos viendo. No es “reacomodamiento”, no es “dolor de crecimiento”. Es un shock de industricidio: un proceso donde la economía real se enfría, se achica y se rompe, mientras la comunicación oficial intenta vender una fantasía de “vamos bien”.

Porque “ir bien” no puede significar cerrar empresas, destruir cadenas de valor y empujar a millones a vivir a crédito. No puede ser “éxito” que una provincia como Buenos Aires —motor industrial del país— acumule 5.335 empresas que dejaron de operar en menos de dos años, con un promedio de 232 cierres por mes. Esa cifra no es un título: es un mapa de persianas bajas, talleres vacíos, rutas de proveedores cortadas, empleo que se evapora y barrios que se deprimen.

El manual de la caída es conocido: se encarece el financiamiento, cae la demanda, se abren importaciones con tipo de cambio que no acompaña, se licuan ingresos y se deja al productor local compitiendo contra precios externos con espalda financiera. Reuters describió casos emblemáticos: fábricas que reducen líneas, sustituyen producción por importación y achican planteles en un contexto de competencia importada y menor poder de compra. Esto no es una anécdota: es el síntoma de un régimen que premia lo financiero y castiga lo productivo.

Y cuando alguien intenta discutir con datos, aparece la trampa del relato: “pero bajó la inflación”, “pero hay superávit”, “pero los mercados confían”. Perfecto. Ahora miremos el piso donde camina la gente. El INDEC informó que en noviembre de 2025 el índice de producción industrial manufacturero cayó 8,7% interanual. No es un microbache: es una señal de contracción. Incluso dentro del rubro “Alimentos, bebidas y tabaco” la caída interanual fue de 7,8%. ¿Qué significa eso para el NOA, para Jujuy, para las economías regionales? Que cuando se cae el corazón industrial y el consumo se achica, el impacto viaja por la misma ruta que viajan los camiones: desde el AMBA hacia el interior, y del interior hacia la informalidad.

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La otra cara del industricidio es el consumo con respirador. La sociedad no dejó de consumir porque “eligió austeridad”. Consume menos, cambia calidades, recorta, y lo que mantiene lo sostiene con deuda. Chequeado, en base a datos del BCRA, informó que la deuda con tarjetas aumentó 55% real entre julio 2024 y julio 2025; el stock pasó de $9,6 billones a más de $20,3 billones y el total de deudores llegó a 11,5 millones. Eso no es “boom de consumo”: es financiar la supervivencia.

Entonces, cuando el Gobierno se apoya en un espejismo mediático y en indicadores “de tablero” para decir que todo marcha, lo que hace en realidad es administrar una negación: la de un país que está cambiando empleo por deuda, producción por importación, y proyecto por coyuntura.

Y ojo con el autoengaño más peligroso: creer que “el precipicio ya quedó atrás”. No. En muchas ramas, el precipicio no fue un punto: fue una transición. Hoy el sistema se parece más a una caída libre que a una estabilización. ¿Por qué? Porque el daño industrial no se corrige con un tweet ni con una conferencia. Cuando se rompe una red de pymes, proveedores, oficios y logística, la reconstrucción lleva años. Y sin industria, no hay salario fuerte; sin salario fuerte, no hay mercado interno; sin mercado interno, no hay incentivo a invertir; sin inversión, el país se vuelve extractor y importador. Una economía sin músculo.

De Buenos Aires a Jujuy la radiografía se repite, con matices: en el AMBA cierra la fábrica; en el interior se cae el flete, el comercio, el servicio, la changa. En Jujuy, además, el golpe se siente doble porque la economía regional depende de cadenas largas: producción primaria, acopio, transporte, insumos, consumo local. Cuando se enfría el centro, el borde tiembla.

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La pregunta final es incómoda, pero necesaria: ¿este modelo es defendible? Con estos resultados, no. Porque un modelo se defiende cuando mejora la vida real, no cuando mejora la narrativa. Y la vida real hoy muestra tres señales rojas simultáneas: cierres de empresas, caída industrial y endeudamiento para comer.

El país no necesita épica financiera. Necesita un plan de reactivación productiva con KPI claros: crédito para capital de trabajo, protección inteligente del entramado pyme, reglas estables para invertir, competitividad sin destruir demanda, y una estrategia exportadora que no sea extractivismo sin empleo. Lo demás es marketing. Y el marketing no paga sueldos.

¿Desde que asumió Javier Milei, ¿tu situación económica personal?

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