Círculo rojo y peronismo coinciden: Unirse por el espanto

 Círculo rojo y peronismo coinciden: Unirse por el espanto

El último intento peronista en la quinta de San Vicente de reagruparse para afrontar las elecciones legislativas aceptando como eje de unidad la adhesión del 30% que le adjudican a Cristina Fernández de Kirchner y denunciando que es víctima de acoso judicial sacudió a los pensadores del ‘círculo rojo’, inmersos como estaban en criticar al gobierno por los desaciertos y las marchas atrás y preocupados por el fixture de conflictos gremiales que se avecina, en los aprestos de un año electoral en el que está en juego el futuro de la gobernabilidad. Ellos cuestionan la estrategia de Jaime Durán Barba de especular con el deterioro del peronismo y, sobre todo, de la presencia activa de CFK en la política, le reprochan a Marcos Peña la negación de las crisis para aplicar un optimismo estratégico que obtura la realización de cambios que se imponen en el gabinete y hasta a la escritora Beatriz Sarlo le “disgusta profundamente el abuso de la idea de felicidad como herramienta propagandística”.

Círculo rojo y PJ, una confluencia no habitual en estos tiempos.

Puso nerviosas a las plumas domingueras que intentan bajar línea dentro del círculo rojo el encuentro del peronismo bonaerense en la quinta de San Vicente. Hubo ausencias notorias, pero finalmente se constituyó ampliada la Mesa de Acción Política, con la presencia del núcleo duro del Frente para la Victoria, como el hijo de la ex Presidenta, Máximo Kirchner, portador de un capital electoral autorrelevado que tiene un piso del 30%. Se vio a los intendentes Verónica Magario (La Matanza), Gabriel Katopodis (San Martín), Mario Secco (Ensenada) y Julio Pereyra (Florencio Varela), al senador nacional Juan Manuel Abal Medina y al diputado Eduardo «Wado» de Pedro entre los primeros en llegar. También concurrieron el titular del partido, Fernando Espinoza, y Martín Insaurralde, del Grupo Esmeralda.

“Abracemos a todos los peronistas y ganemos las elecciones. El enemigo está enfrente y está gobernando”, apuntó el intendente de Lomas de Zamora ante unos 30 dirigentes que estaban sentados delante de una pantalla gigante de LED donde se alternaban los hashtags #UnidosPorArgentina, #UnidosPorBuenosAires y #UnidosPorElTrabajo.

Otro enfoque en La Hora de Maquiavelo


Dividido por algunos manifiestos desencantos con la gestión de Mauricio Macri, siendo los más notorios los empresariales que albergaban otras expectativas del modelo económico comprometido por la coalición gobernante, ya una parte del círculo rojo no cree en la conveniencia de la estrategia de Jaime Durán Barba para capitalizar electoralmente que Cristina Fernández de Kirchner siga en el juego político, y ya las plumas más beligerantes apuntan directamente a barrerla junto a los secuaces en la Justicia que interfieren en los procesos.

Joaquín Morales Solá viene advirtiendo en sus columnas que la administración macrista no dispone de más margen de error y que con lo del Correo colmó la medida.“¿Saca ventaja Macri de los espasmos cristinistas? -se pregunta en la nota de opinión que publica este domingo 26/02 en La Nación-. Sí. Siempre gana en una confrontación con Cristina”, concede.

“Pero la presencia de ésta también lo desafía al triunfo electoral en octubre; Cristina y su peronismo ahuyentan la inversión. Los inversores, nacionales o extranjeros, quieren ver una victoria electoral de Macri para constatar que el Presidente no es sólo un breve paréntesis entre dos populismos. ¿Se lo dijeron en Madrid? No. Habrá anuncios de inversiones, pero lluvia o chubascos de dólares sólo ocurrirán después de octubre, si la sociedad argentina homologa la existencia de otra historia”, desgrana.

Unidad inescrupulosa

Jorge Fernández Díaz enjuicia duramente al peronismo en el comentario que escribe para La Nación, y prefiere quedarse con el cuadro de situación partidaria de la oposición, por eso de que “siempre es mejor ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio”. Él describe el esquema conspirativo del siguiente modo: “Baradel responde a Sabbatella y los triunviros mayormente a Massa, Pérsico confiesa intenciones políticas detrás de sus movidas callejeras, Gioja y los Suturados de Cristina no han sido capaces de la mínima autocrítica, e Insaurralde, Katopodis y otros prohombres de las nuevas generaciones se abrazaron por fin con Máximo Kirchner y cerraron filas con la Pasionaria del Calafate, en una ceremonia bonaerense que cancela cualquier ilusión renovadora y que confirma una notable falta de escrúpulos, porque pretende convertir las investigaciones judiciales de la democracia en persecución política y porque reivindica a la mayor sospechosa, a su estado mayor corrupto y a su inefable secta del helicóptero”.

El rearmado del PJ en torno del eventual piso electoral del 30% que juntaría la ex mandataria hizo sonar las alertas entre los aliados del oficialismo, quienes sospechan que el creciente desprestigio que aqueja al gobierno marcha más aceleradamente que los tiempos judiciales para comprometer aún más a la que aceptan portadora de un capital político inicial para congregar a las fuerzas partidarias dispersas.

El comentario editorial de Clarín, a cargo del timonel de la Redacción, Ricardo Kirschbaum, en su carta al lector analiza el acento en el “optimismo estratégico” que se recoge en la Casa Rosada, cuyo origen, paradójicamente, «es el mismo que el kirchnerismo rabioso agita con mucho deseo y escasa certeza: la vuelta de Cristina. Esa táctica electoral, tan argentina, elimina matices e intenta recrear un escenario excluyente para una tercera fuerza (Sergio Massa)”.

En cuanto a la lectura de las encuestas, afirma que si bien el traspié del Correo le costó una caída de imagen a Macri quienes las estudian no le asignan la importancia que hace entusiasmar a la oposición.

“Las malas noticias para el Gobierno se han acumulado (marcha de la CGT, paro docente, tensión por las paritarias, aumento de tarifas y acusaciones de inacción por los piquetes) pero las perspectivas electorales, aseguran, siguen siendo favorables al oficialismo: Durán Barba en estado puro”, puntualiza, para concluir con que “en ese optimismo blindado cualquier perspectiva de cambios en el gabinete es descartada -y menos en la troika más poderosa-, al igual que el reclamo del radicalismo de transformar la actual coalición electoral en una coalición política, viejo anhelo de Ernesto Sánz”.

Traducida esa visión optimista a rajatablas al día a día de la Casa Rosada, un confeso macrista de la primera hora, como Pablo Sirvén, hace en su columna un juego de ucronía, como lo denomina: “Es 16 de junio de 1955 y vamos a suponer que el jefe de Gabinete es Marcos Peña. Un periodista mantiene una charla en off con el funcionario en el preciso momento en que caen bombas sobre la Casa Rosada. El hombre de prensa se sobresalta y aflige por el estruendo, pero también por las consecuencias humanas y políticas inevitables que sobrevendrán. No es difícil suponer lo que podría responder Peña: ´No pasa nada; esto también pasará´. Y algo de razón tendría, porque el bombardeo sólo dura unos pocos minutos. Lo grave son las consecuencias: un tendal de cadáveres y heridos, edificios averiados y un gobierno maltrecho, que caerá tres meses más tarde”.

También a una lúcida intelectual del antipopulismo como Beatriz Sarlo le “disgusta profundamente el abuso de la idea de felicidad como herramienta propagandística”.

Ella califica de manejo desagradable, por más que tenga un impacto eficaz, que se acerque a la familia presidencial a la gente con una imagen de vida cotidiana que refuerza esa idea algo frívola de la felicidad.

“No creo en esa imagen de la familia feliz utilizada para transmitir preocupación social, mientras uno sabe el porcentaje altísimo de familias y chicos pobres que existen en nuestro país”, diferenció.

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