Crisis azucarera en una encrucijada: «Morir o crecer de golpe»

 Crisis azucarera en una encrucijada: «Morir o crecer de golpe»

Por Guillermo Martín Berardi

Después de más de  cuatro años de reclamos y advertencias por parte de los productores azucareros sobre una crisis de graves consecuencias para nuestro sector, estos avisos se han hecho realidad de la peor manera.

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Ing. Guillermo Martín Berardi

La retención de azúcar a precios viles y su exportación a pérdida por parte de los ingenios – especialmente de la provincia de Tucumán – para no saturar el mercado interno y lograr un mix de precios que permita a la producción ser rentable o, por lo menos, mantenerse sin quebrantos, no alcanzó sus objetivos.

Nuestro principal riesgo en aquellos reclamos partía de la inexistencia de un efectivo control de dicha exportación, que lleva a volcar el azúcar retenida al mercado interno, con una gran diferencia de precios. Como lo habíamos previsto, esta situación desencadenó en un derrumbe de los mismos.

A días del comienzo de una nueva zafra, las condiciones para nuestro sector son incluso peores que el año pasado: prevemos una cosecha de gran volumen, con excedentes de azúcar que nuevamente serán retenidos para una exportación que no se llevará a cabo.

A esto se suman la saturación del mercado internacional con precios muy bajos, la devaluación en Brasil, que nos colocan todavía más lejos del mercado competitivo; y el fracaso del IPAAT (Instituto de Promoción de Azúcar y Alcohol de Tucumán), que debería haberse encargado de regular la oferta y exportación de excedentes.

Esta situación nos hace retornar al mismo punto que hemos planteado constantemente durante los últimos años: la única manera de que los excedentes de azúcar no presionen al mercado interno es que dicha azúcar no exista. Esto no significa en modo alguno que deba reducirse el área plantada; por el contrario, debe mantenerse e incluso incrementarse, pero es necesario que la producción cambie su destino y se dedique al alcohol, no solo para ser usado como mezcla en las naftas, sino también para el desarrollo de la alcoquímica, con la que pueden desarrollarse desde plásticos biodegradables hasta agroquímicos y productos medicinales.

Sin embargo, es necesario entender que la única forma de lograr esa producción de alcohol en lugar de la de azúcar es que las plantas de etanol se encuentren en manos de los productores.

Sí las asociaciones de productores no toman conciencia de la gravedad del tema, dejan de lado mezquindades y negocios particulares de algunos dirigentes y, por sobre todo, asumen que deben dar un paso más en la cadena de producción y transformarse en industriales, no habrá salida para la economía cañera ni para los pueblos y ciudades que viven directa e indirectamente de dicha actividad.

Por ello, insisto, la única forma de evitar los excedentes de azúcares es que no se produzcan, y para ello es hace falta construir destilerías autónomas que fabriquen únicamente alcohol.

Para que esto ocurra, aparte de la madurez y visión de los productores, debemos ejercer una fuerte presión sobre los gobiernos provinciales para que acompañen el pedido de aumento en el corte de naftas, llevándolas por lo menos al 15%.

Sabemos que hay una fuerte resistencia por parte de la Secretaria de Energía de la Nación para que esto se concrete. Intuimos que algunos de sus motivos serían la pérdida de recaudación de impuestos internos, y quizás también el de mejorar la caja de YPF – no sea cosa que los socios privados, dueños del 45% del capital, dejen de ganar sus fortunas, ya que no parecer ser suficiente el desacople del precio local del petróleo con el precio internacional, sino que tampoco querrán perder una pequeña parte de la mezcla con alcohol -.

Entretanto, quienes estamos detrás de un aumento del cupo, nos hemos visto obligados a tolerar sin reaccionar argumentos estúpidos y endebles, como la excusa de que «la industria automotriz se opone al aumento de corte por que con más del 10 % se dañarían los motores». Honestamente, no sé si son ingenuos o nos toman a nosotros por tales, ya que la misma fábrica que produce automóviles acá lleva vehículos a Brasil, donde los cortes van desde el 15 % al 35 %. Aunque tal vez sea otro alcohol. Hace 37 años, en una situación de crisis similar, se implementó el «Plan Alconafta» que implicaba una mezcla del 22 % en motores con una tecnología de  mucho menos avanzada, por lo que creemos que dichos planteos son una falta de respeto a nuestra inteligencia.

Hoy es necesaria la voluntad política de lograr lo que exigimos. Y depende tanto de dirigentes como de productores. Debemos tener, de una buena vez, la madurez suficiente para poder salvar una actividad que tanto trabajo y creación de riqueza genera en numerosos pueblos y ciudades del interior de nuestro País. Nuestra alternativa es desaparecer o crecer de golpe.

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