Ecuador, tras 30 años de la visita de un papa

 Ecuador, tras 30 años de la visita de un papa

El 29 de enero de 1985 se dio la primera y hasta entonces única visita de un papa a Ecuador. Fue la del polaco Karol Józef Wojtyla, Juan Pablo II, uno de los líderes más influyentes del siglo XX, que incluyó a Quito, Latacunga, Cuenca y Guayaquil en su decimoquinto viaje apostólico.

perico noticias. jorge mario bergoglio

Desde su llegada, que coincidió con los 450 años de la primera evangelización en Ecuador y con los dos mil años de nacimiento de la Virgen María, han transcurrido tres décadas. Treinta años desde aquellos encuentros con las familias, religiosos, indígenas, trabajadores y los fieles católicos, que en el país del siglo XX superaban el 90%, según la World Religión Database, una ONG que mide la filiación a las religiones.

El actual líder espiritual de la Iglesia católica, el argentino Francisco, en cambio, será recibido hoy por un país en el que el 79% de su población se declara católico, pero solo uno de cada cuatro participa activamente de las homilías, según el Centro de Investigaciones PEW.

El escenario social, político y económico también es diferente entre el Ecuador de la década del 80, que recibió a Juan Pablo II, y el que recibirá al sucesor de Benedicto XVI. Para entonces el Banco Mundial registraba una tasa de incidencia nacional de pobreza –bajo el parámetro de personas que viven con menos de $ 2 al día– de 23,03% en 1987, mientras que, en el 2012 (último dato disponible) fue de 8,4%.

El desempleo llegó a ser uno de los tres más altos de esa década, 10,4% en 1985. Al 2014, en cambio, esta llegó a 5,3%, según estadísticas de la Cepal.

Actores políticos, así como quienes participaron en la organización de la visita de Wojtyla, describen que su llegada aplacó el tenso ambiente que se vivía entre el Gobierno del entonces presidente León Febres-Cordero y varios grupos sociales.

Vea el especial de la visita del papa Francisco

Desde finales de 1984, se registraron manifestaciones en contra del decreto que elevó los precios de los combustibles y de los pasajes del transporte público. También emergió el grupo guerrillero izquierdista Alfaro Vive Carajo (AVC), cuya presencia constituyó uno de los mayores problemas del Gobierno.

Blasco Peñaherrera Padilla, vicepresidente del régimen de Febres-Cordero (1984-1988), cree que ante este panorama la presencia de Juan Pablo II fue “un paréntesis muy positivo” y que “su figura histórica incuestionable” creó un clima favorable para la visita. En esta, beatificó a Mercedes de Jesús Molina e hizo un llamado a que los feligreses, que multitudinariamente lo siguieron a cada una de las actividades de su maratónica agenda, se mantengan siempre fieles a su fe cristiana, a su conciencia de pueblo y a su vocación de libertad y justicia.

“…Habían transcurrido unos cuatro meses del nuevo Gobierno… La situación económica era difícil, sin duda. Había rezagos de malestar de los meses anteriores, pero no era nada explosivo, excepto la existencia de los grupos violentos, subversivos de Alfaro Vive y algunos otros, pero todavía no habíamos experimentado un impacto directo, una convulsión acentuada…”, recuerda Peñaherrera.

Medardo Ángel Silva, secretario de la Cooperación Fraterna de Múnich con la Iglesia de Ecuador y funcionario de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana (CEE), conoció a Juan Pablo en 1985. Comenta que a más de los grupos insurgentes y el alza de las tarifas incidió que el Congreso era mayoritariamente de oposición, lo que generaba un ambiente “un poco tenso”.

Y así como esta semana la CEE llamó al diálogo y a no politizar la imagen de Francisco, ante el clima político de finales de 1984 e inicios de 1985, el otrora cardenal y arzobispo de Quito, Pablo Muñoz Vega, exhortó a recibir al vicario de Cristo en medio del diálogo y la paz, pedido que fue acogido “por la gran mayoría, especialmente, por los líderes políticos”.

Silva espera que, así como sucedió con Juan Pablo II, la llegada de Francisco “baje los tonos” de los ánimos caldeados e invite a la reflexión “como hijos de Dios, no como enemigos”.

La Sociedad Interamericana de Prensa, en un comunicado, expresa al papa la esperanza de que a la luz de las enseñanzas de Communio et Progressio sobre el papel de la expresión libre y la comunicación, “sus palabras puedan inducir cambios en la política oficial de censura que practica el Gobierno”.

Quien también rememora al país de esa época es Heinz Moeller, entonces diputado y posterior ministro de Gobierno de Febres-Cordero. Dice que un mes antes del arribo de Juan Pablo había absoluta paz. “Nada que se parezca a lo que estamos viviendo ahora”. Se refiere a las marchas a favor y en contra del Gobierno que durante cuatro semanas han generado agitación social desde que el presidente Rafael Correa envió a la Asamblea los proyectos de Ley de Herencia y Plusvalía.

Las protestas y la cercanía de la visita de Francisco, lo llevaron a retirar los proyectos “temporalmente” y llamar a un “diálogo nacional”. Esta semana el ministro del Interior, José Serrano, incluso habló de un supuesto intento de golpe de Estado y de que se busca crear caos para que el papa suspenda su visita.

Lejos de la confrontación y de los cambios que ha tenido el país, ambos papas coincidirán en el mismo lugar con sus fieles en Guayaquil: Samanes, donde como hace 30 años, se buscará afianzar la fe católica. (I)

Estamos viviendo momentos cruciales para el futuro de esta nación… y es por ello necesario que el cristiano (…) se empeñe con renovado entusiasmo en construir una sociedad más justa, fraterna y acogedora.
Juan Pablo II

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