El «ahorro jubilatorio» será de u$s2.800 millones y el mercado ya avizora una reactivación

RNG//Martín Guzmán no supo hasta un par de días antes de enviar la «mega ley» al Congreso que podía incluir la suspensión de la movilidad jubilatoria. El ministro de Economìa siempre estuvo convencido de que la consistencia del plan de estabilización sólo tendría chances de éxito si se relajaba la indexación de las jubilaciones. Sin embargo, recién tuvo el guiño de Alberto Fernández a poco del anuncio.

«No hay espacio polìtico», comentaba -preocupado- Guzmán a su equipo de colaboradores. Finalmente, el pulgar arriba llegó y el ministro lo tomó como un pleno respaldo político a su sugerencia de ir hacia un ordenamiento fiscal, como un punto clave ante el inminente reperfilamiento de la deuda.

El proyecto de Emergencia Económica contiene un formidable ajuste de las cuentas públicas, en el cual el «aporte» de los jubilados será el más relevante de todos.

La economista Marina Dal Poggetto estima que, así como fue planteado, el impacto fiscal del proyecto equivaldrá a 2,2 puntos del PIB. Unos u$s8.800 millones, es decir, $550.000 millones.

La consultora Seido va un poco más allá: calcula que el apretón ascenderá a 2,5% del PIB. Y que de ese total, los jubilados «aportarán» la tercera parte: 0,7 puntos. Contra 0,5 puntos del «campo» por el alza en las retenciones y el 0,6 por ciento de los argentinos que compren dólares, gasten con tarjetas en el exterior, o disfrutando Netflix o Spotify, y que de ahora en más pagarán un 30% de impuesto.

La Ley de Solidaridad contiene un ajuste fiscal tan relevante que algunos economistas empiezan a preguntarse si no se «pasa de rosca». En el sentido de si no le pone una traba a una eventual recuperación económica.

A su vez hay quienes plantean, por lo bajo, que este programa presentado por el flamante administración contiene algunos riesgos, que habrá que ver cómo son resueltos por el Gobierno a medida que pase el tiempo.

Guzmán convenció a Alberto F. de que la única manera de volver a crecer es si antes tanto la gente como los inversores del exterior se convencen de que la Argentina pudo, por fin, estabilizarse.

Desde hace exactos 20 meses, el país viene fracasando con los planes de estabilización y, al contrario, la crisis siempre fue empeorando. La pregunta ahora refiere a si la economía ya tocó fondo y se prepara para una recuperación.

En bancos de inversión del exterior y en consultoras locales evalúan correcto al diagnóstico del ministro de Economía cuando dice -tanto en público como en privado- que, antes que nada, lo más importante es «tranquilizar» a los agentes económicos.

El ministro también asegura que no se va a atar a ningún dogma, y que su plan se irá amoldando a las necesidades de cada momento. Una definición que genera expectativa pero también una dosis de ansiedad en Wall Street.

¿Pasó lo peor?

De todas formas, el «Plan Guzmán» fue celebrado por los mercados financieros, que aplaudieron los anuncios. Desde que «Los Fernández» se hicieron cargo del poder, el riesgo país se redujo 15 por ciento. Un escenario a priori impensado, pero que es resultado del programa de ajuste lanzado desde el minuto uno.

El promedio de economistas coincide en que este plan se apoya sobre dos columnas -el ordenamiento fiscal y el ahorro de divisas-, que derivará seguramente en una expansión de la actividad.

«Estabilizado lo financiero, la economía va a crecer. Es lo que demuestra la historia argentina», afirma Dal Poggetto.

Para algunos miembros del equipo económico, la clave es que el ajuste de las cuentas públicas no es uno tradicional. Señalan que acá se preservaron aquellos sectores generadores de puestos de trabajo. A la vez que se puso el ojo en un problema estructural que tiene la economía: el elevado nivel de indexación del gasto.

Sobre el primer punto, los funcionarios confían en que, si bien el ordenamiento fiscal luce contundente, existe una protección a los sectores más demandantes de mano de obra: las pymes, la industria y la construcción, hacia adonde podrían derivarse parte de los pesos que antes iban a comprar dólares.

«Con el cepo y el impuesto del 30% sobre las compras de dólares, muchos preferirán usar los pesos para dinamizar la construcción o actualizar consumos demorados. Con estabilidad y mejores expectativas, habrá gente que incluso optará por vender los dólares a un buen precio y consumir», se entusiasma un economista que trabaja cerca de Guzmán.

Para los próximos meses, existirán varios desafíos. El primero: la renegociaciòn de la deuda con los inversores. En segundo orden: si la Argentina logra una desaceleración inflacionaria.

Sobre esta última cuestión, el plan inicial no es un típico programa antiinflacionario. El Gobierno se ha trazado la prioridad de estabilizar, pero está más que claro que todo naufragará si los precios siguen una dinámica alcista vertiginosa.

La estrategia con los precios ha pasado a un segundo plano, pero sólo momentáneamente. Volverá con fuerza después de las fiestas, cuando se oficialice la convocatoria al Consejo Económico y Social.

Y también se cierren las negociaciones ya avanzadas con las fábricas de alimentos y las cadenas supermercadistas. En esas conversaciones, el protagonismo lo mantiene la economista Paula Español, considerada «una negociadora dura» por los empresarios, a quien la conocen desde la etapa anterior, donde ocupaba el estratégico puesto de subsecretaria de Comercio Exterior.

Ni bien salga la Emergencia y se encamine el capítulo de los precios, el Gobierno encarará la negociación de la deuda pública. Una operación clave, en la cual se definirá -ni más ni menos- que los márgenes de maniobra del flamante Gobierno.

La reacción favorable del mercado en el debut de Alberto F. fue tomada con auspicioso optimismo en el Ministerio de Economía.

La mejora de los bonos, es cierto, se produce desde mínimos históricos y el riesgo país apenas quedó por debajo de los 2.000 puntos.

El resultado de esa negociación con los bonistas privados será clave para la suerte de la economía «albertista».

Pero, lo dicho, hay más desafíos por delante. Dal Poggetto, una de las economistas más respetadas por sus colegas por su rigurosidad, pone esos desafíos en blanco sobre negro:

-«No enamorarse del dólar quieto», que generaría un atraso cambiario. «El dólar está en los mismos valores que en agosto, y en el medio corrió inflación», afirma.

-«No enamorarse del congelamiento de las tarifas», que puede servir como ancla inflacionaria en el cortísimo plazo pero que genera un bache fiscal considerable.

En algunos bancos de inversión -como el JP Morgan-, los analistas escribieron que aguardan un tipo de cambio que se mueva en línea con una inflación esperada del 40% a lo largo de 2020.

Una perspectiva que algunos economistas consideran exagerada. El consenso es que, si todo sale bien, el dólar podría correr varios puntos por debajo de la inflación el año que viene.

Para ponerlo de una manera gráfica: está claro que el pasillo que debe atravesar la economía es angosto y con poca luz. Y en donde el Gobierno recién acaba de dar el primer paso.

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