El aplazo menos pensado de la década K

 El aplazo menos pensado de la década K

 Mónica Beltrán

Los repetidos paros docentes son una de las principales causas que llevan a que la escuela pública en la Argentina pierda 23.000 alumnos por año desde el inicio de la era kirchnerista. El déficit en infraestructura y la calidad educativa también influyen en la migración a instituciones privadas. Qué pasa en la región y en el mundo.

Como un mal alumno que repite la misma materia una y otra vez, las clases en la Argentina volvieron a comenzar con paros docentes en más de la mitad de las provincias argentinas y afectaron a unos seis millones de niños que asisten, en su gran mayoría, a las escuelas públicas. Al margen de las negociaciones salariales, la circunstancia es una de las causas de un fenómeno que se acelera y extiende a todo el país: la migración de los alumnos de las escuelas públicas hacia a las privadas.

Aunque el sistema educativo argentino es mayoritariamente público, la tendencia del traspaso al sector privado va en aumento. Hasta 1940, lo público avanzó casi como una locomotora, al ritmo de un Estado que quería formar ciudadanía en sus escuelas. Sin embargo, la situación cambió a fines de la década del ?40 y el crecimiento de la matrícula privada no dejó de crecer, sobre todo en los centros urbanos. Mientras que, en 1949, apenas el 7% prescindía de la educación estatal, hoy la cifra alcanza el 26%, según revela una investigación del sociólogo Leandro Bottinelli para la Universidad Pedagógica Nacional, en base a cifras del Ministerio de Educación.

Paradójicamente, en los más de 10 años de Gobierno kirchnerista, en los que se intentó hacer masiva la asistencia a la escuela y en los que se incrementó el presupuesto en educación a niveles récord, la matrícula privada también aumentó, principalmente en la escuela primaria. Pasó del 21%, en el 2003, al 25%, en el 2010.

Mariano Narodowski, quien fuera ministro de Educación del Gobierno porteño, entre 2007 y 2011, y que hoy investiga en la Universidad Di Tella, remarca esta tendencia: «Desde inicios de la gestión K, se pierden a razón de 23.000 alumnos por año. Y no es solo en la Capital: hablamos de alumnos de Santa Fe, Gran Buenos Aires, La Rioja y Mendoza, por ejemplo. El crecimiento del sector privado en el nivel inicial en todo el país se explica, en parte, por el 47% que aumentaron los jardines privados. En las escuelas privadas, la matrícula subió un 20% y en las públicas se perdió un 8%?, dice el especialista, en diálogo con 3Días. Y cuestiona: ?Cuéntenme cómo esa puede ser una política inclusiva».

Cuestión de calidad

¿Escuela pública o privada? El dilema parece más una falsa opción y un debate cargado de prejuicios. Hay escuelas públicas y privadas que son buenas y las hay de las peores, independiente de que las gestione el Estado o un privado, sostienen los expertos consultados. Aseguran que la calidad de la educación tiene menos que ver con quien gestiona la escuela que con el nivel socioeconómico de los chicos que asisten y, es por eso, que algunos colegios seleccionan matrícula de diversos modos, entre ellos, el monto de la cuota.

Un documento de análisis sobre las pruebas Pisa 2013 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde) titulado «Centros privados: ¿A quien benefician?» señala que los alumnos que asisten a escuelas privadas suelen tener un mejor rendimiento que quienes concurren a los centros públicos, según la evaluación internacional trianual. Sin embargo, aclara que «los alumnos que están inmersos en un contexto socioeconómico similar al de los alumnos de los centros privados, suelen tener un rendimiento igual de bueno».

En la misma línea, un estudio de investigadores de la Universidad de San Andrés (Udesa) que compara el rendimiento de estudiantes iberoamericanos en las pruebas Pisa, indica que España, México y Chile son los países donde menos diferencia de rendimiento hay entre público y privado. Y son países absolutamente diferentes entre sí: mientras España es un sistema pro público muy similar al argentino, con poco más del 30% de los estudiantes de 15 años en colegios privados, Chile tiene más del 60% de la matrícula en ese nivel en instituciones privadas y México a casi el 90% de sus estudiantes en escuelas públicas.

«En los números totales, a los chicos que van a escuelas privadas les va mejor que a los de las públicas en las pruebas Pisa y también en las pruebas que hizo acá el Ministerio de Eduación, pero si comparás a igual nivel socioeconómico no es tan así. A igual condición económica les va similar a los chicos de escuelas públicas que a los de privada», dice Paula Ratzkin, profesora investigadora de Udesa. «La diferencia en los resultados de aprendizaje pareciera estar más vinculados al origen social y a la propuesta pedagógica de la escuela que al tipo de gestión», coincide Bottinelli.

Únicos

Sin embargo, los especialistas destacan que el sistema educativo argentino es único en América latina y que tiene muchas ventajas debido a un delicado equilibrio legal. Por empezar, en el país no hay escuelas privadas sino de gestión privada, es decir que es el Estado el que regula el funcionamiento de todas las instituciones instaladas en territorio argentino, fija estándares mínimos de enseñanza, supervisa la tarea escolar y otorga los títulos. «La Constitución establece, en el artículo 14, la libertad de enseñanza, mientras que la Ley de Educación contrapone el derecho de aprender que debe garantizar el Estado. Esto significa que aún los colegios que no tienen subsidio estatal alguno son supervisados por el Estado», expresa Gerardo Suárez, ex director de Gestión Privada del Gobierno porteño.

En tanto, hay países, como Uruguay, donde la educación privada es menos significativa (poco más del 10% de la matrícula) y no recibe ningún aporte estatal, pero tampoco tiene control alguno por parte del Estado. En Sudáfrica, por ejemplo, los franceses tienen su propio liceo que dicta en ese país el mismo plan de estudio que en París, mientras que la misma institución en la Argentina, el Liceo Francés Jean Mermoz, tiene la obligación de respetar el programa de estudios local y debe dictar español a la mañana y francés a la tarde, por imposición de las normas argentinas.

Tal vez la reglamentación más característica del sistema de educación privada en la Argentina es el Estatuto del Docente Privado, sancionado en 1947, que se expide en relación a los subsidios del Estado a los colegios privados y dispone que el personal docente tenga la misma estabilidad que los maestros de escuelas públicas. Esa norma es tan inamovible en el sistema educativo argentino que cuando, años después se sancionó el Estatuto Nacional de los Docentes, en la discusión se acordó no tocar la disposición anterior porque la Iglesia, en ese momento muy poderosa en el ámbito educativo, pidió que se garantizara su vigencia.

Odiosas comparaciones

Uno de los países en los que el Estado más invierte en educación pública del mundo es Luxemburgo: u$s 20.000 por año por alumno, en escuela primaria y secundaria. Lo sigue Noruega, con u$s 13.000 y completa el podio Estados Unidos, con u$s 12.000, según cifras de la Ocde. Los alumnos del ducado europeo tienen, también, las mejores condiciones para estudiar: la relación en las aulas es de un profesor cada 10 alumnos. En lugar de clases, son casi talleres, si se los compara con las populosas aulas del conurbano bonaerense. La diferencia en cuanto a las remuneración de los maestros también es abismal : por ejemplo, en Suiza, un docente recibe un sueldo promedio de u$s 94.000 al año.

Sin duda esos montos se ven reflejados en los rendimientos escolares de los niños. Se trata de naciones que superan las mediciones promedio en las últimas pruebas Pisa, con la única excepción de los Estados Unidos. Por eso estalló un escándalo contra la administración Obama, cuando se conocieron, el año pasado, los magros resultados del rendimiento de los niños norteamericanos en lengua y matemática.

Sres. padres

Pero ¿son los papás de las clases medias y altas solamente quienes eligen colegios privados para sus hijos? Las investigaciones revelan que ese prejuicio parece ser falso. Son muchas familias de clase media baja y baja quienes, cuando pueden, llevan a sus hijos a instituciones privadas, que son subvencionadas por el Estado y cobran cuotas bajas. Incluso, en las grandes ciudades, un 10% de los niños cuyas madres son jefas de hogar y trabajan en el servicio doméstico, asisten a escuelas privadas, según Bottinelli.

Los motivos por los cuales una familia elige una determinada escuela para sus hijos son múltiples y bastante complejos, pero hay algo relacionado al prestigio que parece una importante influencia. De ahí se explica por qué se buscan las escuelas con una historia significativa, más allá de que sea discutible si hoy imparten educación de mejor calidad. Por ejemplo el Colegio Monserrat de Córdoba, el Mariano Acosta en la ciudad de Buenos Aires, el Normal 1 y los colegios universitarios en todo el país, no sólo el Buenos Aires o el Pellegrini, son muy demandados. «Buscan en la educación la respuesta a ciertas aspiraciones sociales», dice Bottinelli.

En cuanto a las preferencias de las familias más pobres que optan por la escuela privada, un trabajo del sociólogo Gustavo Gamallo en colegios confesionales porteños subsidiados por el Estado en el sur de la ciudad, en el que interrogó a los padres acerca de su elección, arrojó resultados interesantes: los padres reclaman a la escuela el cuidado de sus hijos, una selección de grupo social, una salida laboral y que los chicos estén en la escuela y tengan clases.

Entre 2001 y 2002, hubo un regreso de las familias de clase media a las escuelas públicas, obligados por la crisis económica que los golpeaba y, según recuerda Suárez, «los padres llegaron a dejar a las nenas en los colegios privados y experimentar en los públicas con los varones», en una clara alusión a la relación que hacen entre las escuelas privadas y la protección social de sus hijos.

El incremento de la matrícula privada no es exclusivo de Argentina. Es, más bien, una tendencia en toda América latina: el caso más extremo de la diáspora es el de Brasil, donde el porcentaje de alumnos que asiste a escuelas privadas casi se duplicó en la última década (ver gráfico). Perú es el segundo caso de mayor pasaje al sector privado y lo sigue Chile. En un nivel similar a la Argentina, se encuentran Ecuador, Venezuela y Paraguay, según un informe de Cippec de 2011. Por su parte, Venezuela tiene un alto porcentaje de educación pública, pero la educación privada es casi totalmente católica, a tal punto que los aportes al sector privado los define una organización civil con orientación religiosa: la Asociación Venezolana de Escuelas Católicas.

En el Viejo Continente, pese a la crisis, el 80% de los alumnos europeos asisten a centros públicos y en algunos países, como Irlanda y Finlandia, el sistema estatal representa el 98% de la oferta educativa. Por último, en el documento «Las cifras clave de la educación en Europa en 2012», publicado por la Red Española de Información, se reconoce que entre 2000 y 2009 en Europa se incrementó el porcentaje de alumnos en las instituciones privadas, aunque los números no son tan altos como en estas latitudes: el aumentó fue, en promedio, menor al 2%.

*El Cronista

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