El crecimiento económico comienza a desacelerarse y las expectativas retroceden

 El crecimiento económico comienza a desacelerarse y las expectativas retroceden

La industria y la construcción se desinflaron en la mitad del año, y en los sectores auguran un termómetro más frío en el nivel de actividad. Se lo atribuyen a los ruidos que provocaron los cambios ministeriales en Economía, pero también a las restricciones de importación. En el Gobierno apuestan a que las expectativas empresariales mejoren; sin embargo, en el mundo de los negocios las encuestas sondean pesimismo.

La industria retrocedió en julio un 1,2% con respecto a junio, y la construcción, con malas perspectivas, apenas subió un 2,2%. Los economistas anticipan una combinación de bajo crecimiento con subas de precios, lo que genera pronósticos desalentadores.

Carlos Melconian aseguró que en este momento existe “una mezcla de conflictividad política, gente en la calle, alta inflación, tensión cambiaria y social”.

El titular del Ieral, la casa de estudios de la Fundación Mediterránea, que encabeza la creación de un plan para al presidente que surja de las elecciones de 2023, aseguró en distintos foros que “el modelo económico (del Gobierno) está entrando en una sintomatología recesiva”.

“El sector externo (importaciones y exportaciones) está trabado, por lo que es pro-recesivo. La inflación del 90%, entonces, en términos de poder adquisitivo, es prorrecesiva. Argentina es un país que sigue estando en términos de nivel (de PBI), en el de 2012. Con un año que crecés 2% pero al otro baja otro 2%”, dijo Melconian.

Si se va a los números “duros”, la consultora Orlando Ferreres dio cuenta de que su Índice General de Actividad tuvo un freno en julio, al retroceder un 0,3% respecto de junio.

Si bien el indicador arrojó que en el séptimo mes hubo un crecimiento del 5,9% interanual, “la actividad económica detuvo su crecimiento en los últimos meses y muestra claras señales de estancamiento”, por lo que el índice “se encuentra 1% por debajo del nivel exhibido al cierre del año pasado”, precisó Ferreres.

Para lo que resta del año, “no hay lugar para esperar una mejora de los indicadores” debido a que “el mismo proceso de ajuste restringirá al desarrollo de la actividad”, aseguró Ferreres.

De manera coincidente, desde la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL) apuntaron que el crecimiento industrial “desacelera desde abril pasado, y en julio el ritmo de avance resultó inferior al de la tendencia de largo plazo”.

La consultora dio un paso más adelante al asegurar que “en agosto, los faltantes de partes y piezas en la industria automotriz a causa de los problemas logísticos globales y el acceso a las divisas, han derivado en nuevas paradas en algunas de las terminales, mientras que el conflicto en el sector de neumáticos continúa prolongándose”, por lo que “para la actividad industrial en su conjunto se anticipa otra merma en la dinámica de la recuperación”.

La mirada oficial ya registra el descenso. El crecimiento de la industria y la construcción se desaceleraron durante julio, un mes signado por la turbulencia financiera generada a partir de la salida de Martín Guzmán del Ministerio de Economía, y el escaso apoyo brindado dentro del oficialismo a Silvina Batakis.

La industria, que había crecido un 7,3% interanual en junio, ahora lo hizo un 5,1% en julio, pero, además, retrocedió un 1,2% en la comparación intermensual.

Algo similar ocurrió con la construcción, que había subido un 7,2 % en junio, para hacerlo un 5,2% en julio, si bien en la intermensual subió un 2,2%.

Al celebrarse el Día de la Industria, a principios de este mes,  el titular de la Unión Industrial Argentina, Daniel Funes de Rioja, afirmó que “nadie invierte seriamente en un país que no tiene políticas de Estado. No pedimos privilegios, pedimos reglas de juego”.

Ese mismo día, el secretario de Desarrollo Productivo, José Ignacio de Mendiguren, aseguró que a partir de septiembre “se están aflojando un poco” las restricciones a las importaciones de insumos, en un esquema “sector por sector”.

“El pico de falta de dólares fue en pleno julio y agosto porque los gastos en energía son terribles, y también porque había mucha gente que compraba dólares baratos y se sobrestockeaba por las dudas, al haber una presión devaluatoria”, indicó el funcionario en diálogo con FM Urbana Play.

Un día más tarde, el presidente de la Cámara de Construcción, Gustavo Weiss, apuntó a que el sector inmobiliario está pasando “el peor momento de los últimos años”.

Además, expresó su preocupación por “las señales de que podría haber un descenso en la inversión de la obra pública. Comienza a haber indicios de que el ajuste que está haciendo (Sergio) Massa nos va a afectar”, dijo Weiss a Radio Perfil.

Las palabras de Weis coincidieron con el resultado de la encuesta cualitativa realizada por el Indec entre los empresarios que se dedican mayormente a la obra pública, donde el 23,7% prevé una suba de la actividad hasta octubre inclusive, frente a un 28,9% que anticipó una disminución, mientras que el restante 47,4% dijo que la actividad se mantendrá.

En tanto, entre los empresarios que se dedican mayormente a la obra privada, el 20,3% dijo que continuará en alza y el 11,9% anticipó la posibilidad de una merma, mientras que el restante 67,8%, es decir, una amplia mayoría, no espera mayores cambios en el nivel de actividad.

Las cosas fueron peor de lo que se esperaba. Dos veces al año el Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA) realiza una encuesta sobre las expectativas económicas de los principales ejecutivos de las más grandes compañías del país.

Esta vez, entre el 5 y el 17 de agosto, es decir, en los primeros días en que Sergio Massa asumió el Ministerio de Economía, les preguntaron a 245 directores de empresas sobre cómo había sido, en términos económicos, el semestre anterior, y qué expectativas tienen para el siguiente.

El período noviembre-abril, bajo la dirección de Martín Guzmán en el Palacio de Hacienda, mostró que el 88% de los dirigentes de empresas tuvo una situación “mucho o moderadamente peor” que lo que estimaban que iba a ser un semestre antes.

Pero el “70% de los empresarios” consideró que su situación será “peor o mucho peor”, para el próximo semestre.

Si en noviembre, cuando se hizo la encuesta anterior, el 40% estimaba que sus ventas aumentarían moderada o significativamente, ese valor bajó el 29% en la medición de agosto.

Por contrapartida, el porcentaje de empresarios que consideraba que el consumo caería pasó del 31% de la medición de noviembre al 41% en agosto.

Algo similar ocurrió con las exportaciones, donde no se ve una mejora. El 24% esperaba un aumento en noviembre, y ahora en agosto ese valor bajó al 20%. // Perfil

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