Inminente procesamiento de Boudou

 Inminente procesamiento de Boudou

La «familia judicial» no olvida: Inminente procesamiento de Boudou, y luego…

Cuando el 19/11 cumpla 52 años, ¿Amado Boudou será un hombre libre o sólo un funcionario procesado? En ese caso, que ocurriese su inevitable, aparentemente, procesamiento ¿quedará a cargo de la Presidencia de la Nación cuando Cristina Fernández de Kirchner viaje al exterior? ¿Podrá Boudou mantener el blindaje que le conceden sus fueros o hay peligro de juicio político, etc.? Él carga con la mancha de la Operación Ciccone pero ¿fue su responsabilidad o también hubo algún otro funcionario, más influyente, que participó de todo o que tuvo conocimiento de todo? ¿Quién convenció a Ricardo Echegaray, por ejemplo? Si él no respondía a Boudou… ¿Cómo queda la ‘familia judicial’ tan golpeada, estigmatizada, vilipendiada por los Kirchner? En medio de tantas cavilaciones, algunas otras reflexiones del autor, en su programa por Radio El Mundo:

Amado Boudou en los días cuando era el preferido de Cristina Fernández de Kirchner.

por CLAUDIO M. CHIARUTTINI
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Sin Saco y Sin Corbata). El fin de ciclo en la Argentina tiene muchos síntomas para lograr diagnosticarlo. El más claro es la avanzada del Poder Judicial en causas que envuelven a funcionarios oficialistas que, durante meses, estuvieron “dormidas”Es lo que ocurrió en las últimas 2 semanas, cuando,en 15 días, hubo 6 resoluciones de jueces o de la propia Suprema Corte de Justicia contra el Estado o los principales funcionarios del Gobierno.
Amado Boudou no puede escapar de la causa Ciccone, y él seguirá siendo investigado.
> La Suprema Corte mantiene su presión para que el Estado pague su deuda a los jubilados y, por primera vez, obliga a indemnizar a un empresario por los efectos negativos del cepo importador.
El acuerdo con Irán inicio su camino para ser declarado definitivamente inconstitucional, paso previo a ser denunciado.
Cristina Fernández comenzó a ser investigada por el pacto secreto firmado con Chevron.
Lázaro Báez y Cristobal López tampoco pueden escapar de la investigación judicial.
> Y el hombre más fuerte del Gobierno, el secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini, no puede evitar que su segundo, Carlos Liuzzi, permanezca en el centro de una causa donde el lavado de dinero y una cadena de financieras “truchas” en Córdoba, San Juan, Bahía Blanca y la capital federal aparecen mencionadas.
El virtual control de la Casa Rosada sobre la Justicia comenzó a debatirse cuando el Grupo Clarín logró frenar durante bastante tiempo la aplicación compulsiva de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Perola suerte de la relación tormentosa entre los 2 poderes (Ejecutivo vs. Judicial) se definió cuando Cristina Fernández ordenó un paquete de leyes para someter a la Justicia a la voluntad política, que fue votado rápidamente en el Congreso (el Legislativo tomó partido, apresuradamente), pero fue hundido en el propio terreno judicial; cuando se lanzaron amenazas directas contra el titular de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, y cuando se insinuó que podrían quitarle a los supremos judiciales el control de los depósitos bancarios (un negocio de $6.000 millones, o más).
La llamada “Familia Judicial” no reaccionó cuando la Casa Rosada lanzó el colectivo oficialista “Justicia Legítima”, ni cuando Eugenio Zaffaroni avanzó con su estrafalaria versión del Código Penal, ni cuando se frenó en el Congreso la reforma y unificación del Código Civil y Comercial; la revuelta comenzó cuando la Cristina Fernández no ocultó más su intención de someter y de colonizar el Poder Judicial.
Tal como ocurre en toda corporación (y si lo sabrán los periodistas, orgullos de ser corporativos), la “Familia Judicial” agradece, aprecia y defiende sus espacios de poder y su independencia. Pueden estar divididos políticamente o discutir entre ellos ámbitos, jurisdicciones y funciones, pero no soportan que un poder ajeno trate de someterlos o colonizarlos y, menos, cuando el objetivo es alfombrar el camino para tapar las huellas de la descarada corrupción política.
El kirchnerismo ha sido experto en ganarse enemigos, pero a la mayoría, los sometió concediéndoles beneficios o regándolos con dinero. En el caso del Poder Judicial, la estructura rígida y compartimentada no permite distribuir poder… y dinero no les falta. Poco tenía el Gobierno para ofrecer. A los hombres y a las mujeres de la Justicia no les interesa la vida política partidaria como opción, por eso “Justicia Legítima”quedó encerrada en un estrecho circuito, cada vez más estrecho, y no pudo penetrar, en profundidad y con la extensión territorial deseada y planificada, en los colegios o asociaciones de abogados y magistrados.
En un país donde desaparecieron los partidos políticos, donde los líderes opositores no logran crear una opción alternativa al oficialismo y donde empresario, banqueros, gobernadores, sindicalistas y otros protagonistas sociales fueron sometidos por la billetera o el miedo, la Justicia, como los medios de comunicación, aparecen como fuerzas opositoras al intento de poder omnímodo presidencial.
Raúl Ricardo Alfonsín tuvo que combatir como enemigos principales a los militares, los gremios, los grupos económicos y la City porteña. La Justicia, pese a los casos de corrupción que hubo en el alfonsinismo, nunca hizo tambalear al Gobierno. Incluso hoy, hay gente que cree que no hubo corrupción entre 1983 y 1989. Falso. Sin embargo, no alcanzó los niveles que se observan hoy o durante el Gobierno de Carlos Saúl Menem.
Elisa Carrió fue la encarga de hablar de la “matriz de corrupción” del menemismo. Es cierto que la Justicia jaqueó al Gobierno durante la década del ’90 investigando a los funcionarios por casos de corrupción, pero el canal por el cual la sociedad argentina entraba en conocimiento de las causas sospechosas fue el periodismo, en particular, el llamado “periodismo de investigación”, que se convirtió en una forma deindagación y cuestionamiento del neoliberalismo, pero que terminó mutando en una forma de desmantelamiento del poder menemista.
Así como en los años ’60 el periodismo fue clave para debilitar los gobiernos de Arturo Frondizi y Arturo Umberto Illia, en los ’90, el periodismo de investigación mostró, en toda su crudeza, los niveles de corrupción en que incurrieron funcionarios nacionales, provinciales y municipales. Como ahora, en esos dos períodos, los medios ocuparon el lugar una debilitada oposición política, al tiempo que eran voces del llamado “partido militar” que no quería ceder el poder a los civiles.
En los ’90, el lobby “devaluacionista” encontró en el periodismo de investigación una excelente arma para desarticular la Convertibilidad. Desprestigiar al poder político era la forma de debilitar el entramado económico y financiero conformado con las privatizaciones y el retroceso del Estado, tal como quedaría claro en 2003, cuando Menem se encontró que no podía ir a 2da. vuelta, dado el desprestigio acumulado.
En contra de lo que muchos creen, Fernando de la Rúa no cae por la denuncia de “la Banelco”, sino por la inmensa incapacidad para frenar la crisis económica que se había desatado en 1998 con la devaluación del real en Brasil. Sin embargo, la denuncia mediática, hoy negada en forma rotunda por la Justicia, hizo desaparece la escasa imagen positiva que tenía, hasta ese momento, el Presidente de la Nación.
Néstor Kirchner consolidó su poder político y amplió su legitimidad a través de encuestas. Menem le impidió al santacruceño obtener esa legitimidad en las urnas, por eso Kirchner recurrió a la adhesión popular que mostraban los estudios de opinión, decidiendo, vía los medios de comunicación entre los que destacaba Grupo Clarín, transformándolas en poder político. Así llegó a las elecciones de 2005, cuando las urnas pudieron demostrar que el menemismo era historia y el kirchnerismo era poder real.
Luego, Néstor Kirchner y sus asesores resolvieron construir la imagen y prestigio del kirchnerismo sobre las banderas que levantaban las organizaciones de derechos humanos, es decir, dándose un baño de ética y visión social de la que habían carecido el alfonsinismo, el menemismo, el delarruismo y el duhaldismo.
Pero construir un castillo de poder político y electoral sobre el prestigio, la ética y la empatía con los pobres tiene un costo: cuando aparece la corrupción, el relato demuestra toda su falsedad y los pobres deben ser ocultados para que no sean vistos por la sociedad, toda la edificación se desmorona y no deja un ladrillo de poder sobre otro.
Ocultar la inflación fue el primer paso para vaciar de contenido al relato. El contraste con la realidad se evidenció cada vez que una persona iba a comprar un alimento, paga una cuenta u observaba que su billetera se vaciaba. En vez de retroceder, aceptar el problema y mostrarse a favor de la gente, el Gobierno optó por la soberbia, la ceguera y la negación. Un enorme error que, en 2013, le provocó una inmensa doble derrota electoral al Gobierno.
El clientelismo político, el escándalo alrededor de la Asociación Madres de Plaza de Mayo y la creciente lista de causas de corrupción terminaron por demostrar a los argentinos que el progresismo argentino puede ser tan oscuro, destructor  y perverso como los “lentos” radicales o los “corruptos” menemistas.
Sin relato, sin ética, sin prestigio, el kirchnerismo deja de ser una excepcionalidad, para sumarse a una clase política que ingresa al poder con intención extractiva y prebendaría. Del “medio pelo” pasaron a Puerto Madero. Ya no van al bar “La Paz”, sino que Palermo Hollywood, Palermo Soho o Las Cañitas son su nuevos“ámbitos naturales”. No caminan más las calles y, por el contrario, reservan espacios especiales en hoteles 5 estrellas para almorzar, cenar o tener reuniones que no debe conocer la gente que los votó. Y, cuando se van de vacaciones, deben ocultarse para no ser reconocidos.
Sin embargo, a causa de que el kirchnerismo creyó su propio relato (el de su supuesta “eternización en el poder”), su gente devino en los corruptos más desprolijos desde el regreso de la democracia. Realmente creyeron que permanecerían y por eso la idea de impunidad fue una obvidad. Y aquí la Justicia encuentra la veta para debilitar al Gobierno. Han sido tan poco prolijos en armar sus negocios y negociados que las pruebas abundan, pese a que la legislación hace casi imposible demostrar un caso de corrupción.
Pero eso poco importa al Gobierno. El daño ya está hecho. La Justicia ha demostrado que no hay empatía con los pobres, no hay ética, no hay prestigio. Pese a que celebran la “Década Ganada”, cuando las estadísticas son revisadas, como hizo el Gobierno hace 10 días, se demuestra que todo es un espejismo. No estamos peor que en 2003, pero poco nos diferencian los tiempos de los “malditos” 90, de lo supuestamente “peor” del menemismo.
Y para colmo, la economía está en recesión, camino a una estanflación, con destrucción del poder de compra de las familias, sin inversión y sin figuras de recambio. Han quedado encerrados en su propia decadencia. El fin de ciclo es evidente. Las 6 resoluciones de la Justicia y de la Corte Suprema en los últimos 15 días son sólo un adelanto de lo que veremos los próximos 18 meses.
Amado Boudou está a un paso de ser el 1er. Vicepresidente de la Nación que es procesado por la Justicia. Por primera vez, una denuncia contra Cristina Fernández pasó de la fiscalía y avanzó a causa judicial. Son dos muestras del famoso y negado “fin de ciclo”. Y, guste o no, así se escribe la historia argentina.
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