Llegaron los campeones del mundo y nos coronaron de gloria

 Llegaron los campeones del mundo y nos coronaron de gloria

El micro descapotable atravesó una pasarela de miles de personas antes de llegar a la AFA. Para los y las que soñamos ver a Messi, hoy se nos adelantó Navidad.

Por Gimena Figueroa // El corazón nos estalló y no nos alcanzaron los ojos para mirarlos. Lo tuvimos enfrente a él, escoltado por Di María y De Paul, a él, Messi, nuestro Mesías, con la Copa del mundo y nadie llegó a entender que estaban viendo sus ojos. «La felicidad es un instante«, dijeron dos pibes que sin conocerse se abrazaron y no pudieron contener el llanto. Llegaron los campeones del mundo, los que nos hicieron eternos. 

 Eran las 4 de la madrugada cuando la «Scaloneta» cruzó el puente que atraviesa la Ricchieri antes de llegar a la AFA. En ese momento, las gargantas gritaron «Messi, Messi», «Somos campeón mundial» y millones mensajes de euforia incontenible. Ellos nos observaban desde el micro descapotable, sin entender, quizá, lo que nos generaron. Sí, muchachos: ustedes nos coronaron de gloria.

Dibu, Julián y hasta Papu Gómez estuvieron atónitos durante todo el recorrido mirando cómo miles de almas los ovacionaban. De repente, nosotros les demostramos lo que sabemos hacer en la cancha y en cada rincón de la Argentina: alentar y alentar. «Lo vi a Messi, lo vi a Messi», dijo otro chico de unos 18 años ya quebrado de tanta emoción. Lo vio a Messi campeón, Dios ya cumplió todos sus sueños.

Durante la previa, tres pibes corrieron por la autopista, hasta que otros iban en auto los levantaron, estábamos en la misma: todos queríamos ver al Campeón. Ahora me pregunto: ¿Lo habrán llegado a ver? ¿Qué sintieron? ¿Le pudieron gritar todo lo que lo amaban? Yo creo que sí, porque este 20 de diciembre, Navidad se adelantó y Papá Noel nos hizo el mejor regalo a todos y todas. 

Ahí estaba Leo, sentado en la parte trasera del micro, tenía en sus manos la Copa que todxs vimos por televisión. Por momentos se rió, nos observaba y alentaba. Me detuve en sus ojos, transmitían inmensidad, serenidad, ese «todo está bien» que tanto necesitamos. Lo vi al Mesías tranquilo, ya no hay más que agregar

Autos, heladeritas, sillas, hombros sirvieron de soporte para poder alcanzarlos con la mirada. Nadie quería que el micro avance, una súplica interna para que se queden un ratito más y que nunca se borre esa imagen de los ojos. La felicidad dura un instante, sí, lo comprobamos, de repente ya había amanecido y la autopista estaba cubierta de botellas, banderas y corazones quebrados. Pero esta alegría me dura toda la vida. Gracias Messi, gracias Argentina. Valió la pena sufrir.

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