Por Diego Pereyra «Comunicación Transmedia»

 Por Diego Pereyra «Comunicación Transmedia»

Entrevista a Sergio Romero Chamorro

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Sergio Romero Chamorro

@roigres es Licenciado en Ciencias Sociales y Humanidades con estudios de posgrado en Artes Mediales. Se desempeña como productor y guionista transmedia y es especialista en virtualidad y nuevos medios.

Es por la publicación en su blog de una traducción del «Transmedia Manifest» que me atreví a consultarlo sobre «el arte de contar una historia que no cesa».

Por Diego Pereyra.

En cierto modo, Internet, ¿es sinónimo de libertad?

No. De hecho, es una demostración bastante palpable de que más disponibilidad de información, en general, oprime y aísla. Tampoco la mayor disponibilidad de data implica verdaderas opciones de elección y participación para los sujetos. Creo que ahí está uno de los puntos importantes para pensar y desarrollar, en todos los sentidos, y por lo tanto, también en el diseño de experiencias transmedia.

¿Cuál es el desafío en este tiempo de convergencia de medios y formas de comunicar?

Creo que el desafío de la comunicación por medios tecnológicos nos pone, inexorablemente, ante la situación de asumir que lo que llamamos «realidad» es una construcción simbólica, y que tiene, per se, estructura de ficción. Lo que hace que el desafío que plantee sea el de que los sujetos, sin perder el horizonte de la no existencia de una verdad única, busquen «atrapar» y configurar su mapa de comprensión de los fenómenos, pero desde una perspectiva abierta. No hay realidad única, ni «mi» realidad: hay realidad agujereada, siempre parcial, siempre recortada.

Por otro lado, para aquellos que disfrutamos de las narraciones/narrativas, el movernos en estas coordenadas y aceptarlas nos permite ser participantes de experiencias como las planteadas por la serie The Newsroom, que ubica su acción introduciendo y renarrando hechos que, efectivamente, ocurrieron y que fueron reflejados/construidos/interpelados por los medios, contándolos desde una nueva perspectiva que, incluso, resignifica la historia periodística de base.

La posibilidad de entender el pasado como modificable en la lectura, a partir de la introducción de elementos que obligan a resignificar lo anterior, es una posibilidad, ante todo muy divertida, y muy potente, que se abre para los constructores de historias.

Si bien el universo narrativo despierta deseos de participación y brinda sensación de comunidad, su infinitud, ¿no es una herramienta más de entretenimiento o de práctica pasatista?

Detecto en la pregunta un cierto matiz crítico, y sin embargo, hay que pensar que, desde los inicios de la humanidad, la posibilidad de contar y escuchar historias tiene que ver con la posibilidad de «compartir», de armar lazo, de entretener/se. Y detengámonos en el término «entretener». Según el diccionario etimológico, entretener y sus derivados aparecen en castellano, por lo menos, desde el siglo XVI. Probablemente, proviene del francés entretenir, con el sentido de «mantener juntos», del latín inter «entre», del latín vulgar tenire «tener» y del latín clásico tenere.

Entonces, entretener no tiene nada de malo. La entretención, el entretenimiento, es comunión. El problema es cuando ese entretenimiento es tomado por el consumo y se conjuga e identifica al punto de fundirse con él en una especie de cinta de Moebius

Como parte de una sociedad que descree de los medios tradicionales, ¿no resulta contradictorio realzar las posibilidades de una narración (alternativa) que conlleva un grado de subjetividad mayor a la de un discurso (canónico)?

No alcanzo a entender bien quién es parte de una sociedad que descree de los medios tradicionales (yo no, por lo menos). Creo que los viejos medios y los nuevos confluyen, como dice Jenkins en los primeros párrafos de Convergence Culture. Lo que creo también, como lo afirmaba más arriba, es que la relación que articula los conjuntos de narrativas lineales/no lineales/hipermediales/transmedia no es de disfunción, sino de inclusión, y por lo tanto, el pensar transmedialmente hace que las narrativas lineales se resignifiquen y modifiquen necesariamente, así esté escribiendo un guion audiovisual clásico.

En un taller que di sobre este tema, utilizando The Newsroom, The Good Wife y otras series que no giran alrededor de lo fantástico sino que, más bien, desarrollan temáticas «convencionales» ligadas a la práctica de la abogacía o del periodismo (no son Lost, niFlash Forward, quiero decir), pude mostrar la influencia de las narrativas transmedia en las narrativas audiovisuales, como las de estas series. La fragmentación del discurso que obliga a la construcción de «mapas de trama» y la virtual desaparición del set-up de la historia para comenzar in media res (en medio del hecho) es una consecuencia directa del desarrollo de las narrativas interactivas y transmediales.

En un escenario de narrativa transmedia, ¿qué sucede con la propiedad intelectual?

El tema de la propiedad intelectual es un tema del editor, de los grupos editoriales, no del autor, como decía Michel Foucault. De hecho, para narrar, como para la vida, «todo lo que no es tradición, es plagio».

No se puede crear ex nihilo, ni se puede decir sin el otro y la cultura (que es un conjunto de otros). Por lo que la propiedad intelectual va por caminos diferentes a estas reflexiones. Irán acompañando el proceso y tratando de mantenerlo en el contexto de la «industria cultural» pero, como la entendían los primeros Frankfurtianos, y nosotros seguiremos realizando la apropiación y la subversión que permiten que las invenciones humanas (narraciones incluidas) sigan vivas y activas. Hoy por hoy, me interesa mucho más la honestidad intelectual que la propiedad intelectual.

A pesar de su inclinación por la honestidad intelectual, ¿no estamos frente al riesgo de experimentar una cultura instrumentalizada por el copy-paste?

Justamente, si querés parar el copy-paste, no lo vas a lograr por coerción del copyright.

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