«Sin desarrollo no hay crecimiento y el populismo distribuye, pero no genera»

 «Sin desarrollo no hay crecimiento y el populismo distribuye, pero no genera»

El kirchnerismo avanza hacia el pasado, en forma irremediable aunque se resiste como puede (cada día padece de menos fuerza). Es hora de algunas apreciaciones sobre lo que vendrá.

Argentina es injusta socialmente y no se respetaron claramente las leyes, la división de poderes, la convivencia pacífica. No somos buenos ni amables, ni claramente democráticos. El otro existe solo en el relato. Un relato no es otra cosa que una construcción imaginaria. (…)».

por RAÚL ACOSTA
ROSARIO (La Capital). Las condiciones, al cierre del 2015, son especiales para el país, también para la región. De hecho para el mundo. Sostenemos una conflagración mundial. No hay Dunkerke ni Normandía. Ni siquiera corredor de Gaza. Se parece más a Guernica y, de hecho, comprende el 11S y, ahora, el 13N en París.
Una guerra mundial por todos los medios y sin reglas no es el mejor panorama. Las ideologías, la energía y el agua definen el conflicto. Estamos dentro. Tal vez desde Daia y Amia y quisimos desconocerlo. El mundo no.
La crisis monetaria mundial desnudó las economías regionales y dejó secuelas. Más grande la brecha. Más difícil el camino a la igualdad y el Estado de Derecho.
La crisis de seguridad azota al mundo y no hay respuesta. Mete miedo. Estamos en el mundo. La región sur, el medio continente, está abandonando los populismos por una razón existencial. Hay poco para distribuir. Sin desarrollo no hay crecimiento y el populismo distribuye, pero no genera.
Ese menú global no había sido reconocido en Argentina. Hubo una dura porfía por instalar un cuento indecente, por olvidar lo que estaba claro. Ahora el menú está sobre la mesa. La única carta. Lo esencial fue visible a los ojos, pero no se quiso mirar. No estaba resuelta la justicia social. Tampoco las reglas esenciales de convivencia democrática.
Argentina es injusta socialmente y no se respetaron claramente las leyes, la división de poderes, la convivencia pacífica. No somos buenos ni amables, ni claramente democráticos. El otro existe solo en el relato. Un relato no es otra cosa que una construcción imaginaria.
El código narco es parte del país, sus dineros están infiltrándose y sus jefes están pagando tanto campañas políticas como edificios y colegios. La íntima convicción acompaña la presunción. Ya convivimos.
La convivencia con un poder infinito en su potencial, destructivamente hablando, termina de un solo modo. Seremos asimilados por sus leyes, ¿No se advierte?
Justicia social ausente, democracia liberal enajenada, código narco y corrupción estructural. La inseguridad que trae la violencia urbana. Todos somos más violentos. Todos somos víctimas, todos potenciales victimarios.
En esa sociedad la intendencia, la gobernación, la Presidencia. Los actores políticos administradores de la cosa pública. La enseñanza que, del Grupo K, bajó a la sociedad, tiene altos componentes de disociación, de ruptura. Políticos que califican usando adjetivos como argumentos. Silencios demasiado complicados con enriquecimientos ilícitos. Calafate es una montaña muy alta para la ética pública, para la República. Cómo olvidar Calafate.
El cóctel de corrupción e intemperancia suma a la violencia urbana y la potencia.
Con el Partido Militar la palabra «político» se convirtió en un adjetivo calificativo despectivo, también en motivo de investigación, secuestro y muerte. Con la facción K las palabras «derecha» y «liberal» corrieron la misma suerte. «Neo liberalismo» es poco menos que un virus o una carga de gas mostaza.
Recuperar lenguaje es recuperar concepto. La centro derecha acaba de ganar, mediante el voto universal y obligatorio. Debería entenderse más claramente. La centro derecha a la presidencia por el voto popular. Mauricio Macri es dueño de votos propios y votos del hastío.
Daniel Scioli fue el apoderado de los votos de NK (en honor a su memoria) y de CFK. Perdió. Pretende retenerlos la señora. Una fracción virulenta, una vanguardia exasperada no es un buen plato en este menú.
Ni el peronismo tranquilo acompañará a la viuda y sus fieles jóvenes porfiados, ni todos los que votaron Macri, para desembarazarse de la monarquía atenuada, esperarán demasiado.
Peronistas y radicales, los dos territorios de la memoria política, reclamarán lo suyo cuando entren al siglo XXI. Antes imposible. No hay marcha atrás. Lo más sano sería una propuesta de centro izquierda racional. A un triunfo popular de centro derecha opongamos un partido de centro izquierda, para la alternancia. Parece sencillo. Parece. Já.
El peronismo tiene un sillón en los partidos demócratas (?). El radicalismo dos sillones en la internacional socialista (???). Ambos mienten. Ese es el punto de inflexión de este fin de 2015. Apareció el primer gobierno siglo XXI. Falta la contraparte.
Macri no es ni bueno ni malo, simplemente con el abandonó, el país, una manera, un modo que ya no lo representaba ni le pertenecía. El es, apenas, el primer representante del 43 por ciento de votantes sin Malvinas ni Galtieri, Hebe y/o la plaza de UOM y Montoneros. El escenario de 360 grados. Un pastor de giros simples y gestos comprensibles. Los mensajes de 140 caracteres. El uso de todos los medios actuales de comunicación. El fin de un lenguaje setentista.
Apareció un modo diferente y se sabe: hace al fondo. Se repite: en el 2015 perdió el irascible lenguaje setentista y su propuesta.
Ese es el país. Hay territorios más cercanos. Nunca fuimos una provincia narco socialista pero la droga está. Sus muertos. Sus peleas. Su blanqueo de capitales ¿Replicaremos con una oficina anticorrupción? Binner conceptualizó mal, Bonfatti no supo qué hacer.
Ahora es de Lifschitz el tema. La ciudad de Rosario otorgó otra oportunidad al socialismo. El rosarino eligió. Punto. La ciudad aún tiene lenguaje y modos siglo XX. La provincia esta enancada entre uno y otro siglo. La nación anuncia el siglo XXI. La mesa está servida.
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