Hace cuatro años que se frenó la movilidad social en Argentina

 Hace cuatro años que se frenó la movilidad social en Argentina

ocho de cada diez personas se sienten parte de este segmento aunque no todas lo sean. La economía y el poder de compra, dos factores clave para la inclusión. El nivel alto reúne al 5% de la población que percibe un ingreso familiar promedio superior a los $100.000.

Si hay algo que identifica a la Argentina en materia poblacional y la distingue de algunos de los países del «vecindario» es el gran porcentaje de habitantes que se considera integrante de un estrato social tan amplio como difícil de definir: la «clase media».

Incluso, para buena parte de la sociedad pertenecer a este segmento funciona como un aspiracional. A punto tal que se sienten incluidos sin conocer -a ciencia cierta- qué parámetros lo definen.

«No soy ni rico, ni pobre». «No tengo varios millones en el banco pero puedo darme algunos gustitos de vez en cuando «. Así de amplia suelen ser las respuestas de las personas cuando los analistas les preguntan por qué dicen pertenecer.

Es precisamente esa amplitud la que hace que ocho de cada diez aseguren sentirse un «clase media», a pesar de que, en realidad, la cantidad de integrantes de este estrato -definido por niveles culturales y de ingresos- es bastante menor.

La última pirámide socioeconómica da cuenta de que lejos de ese 80%, este segmento es integrado por un 48% de los argentinos. Así lo revela el último estudio de W consultora, una firma especializada en esta materia.

La clase media, en números

Uno de los criterios utilizados a la hora de definir los diferentes estratos de la pirámide, aunque no el único, son los ingresos.

En base a los niveles salariales, la consultora divide a este segmento de la población en dos grandes grupos:

• Clase media alta (C2): compuesta por aquellos que perciben en forma mensual entre $20.000 y $55.000 (cifras redondeadas).

• Clase media típica (C3): integrada por quienes perciben entre $11.500 y $20.000.

El siguiente cuadro permite apreciar visualmente cómo se componen los niveles socioeconómicos en la Argentina:

Otro de los datos que se desprende del estudio es que -contrariamente a lo que se cree (80% dice «pertenecer»), sólo la mitad de la población está comprendida en el nivel medio en sus dos sub-categorías: alta y típica.

La movilidad social ascendente «congelada»

Haciendo un análisis de la evolución de la pirámide a lo largo de estos últimos años, Guillermo Oliveto, director de W Consultora y autor del libro Argenchip -en el que analiza la idiosincrasia local-, pone la lupa sobre una cuestión clave: la movilidad social ascendente quedó «congelada».

«Se encuentra en estado de parálisis», afirma el experto en diálogo con iProfesional.

Atribuye este fenómeno al comportamiento de dos de los grandes motores de esta movilidad:

1. El ciclo de la economía: según apunta Oliveto, «a partir de 2011 se produjo un freno en el movimiento ascendente, es decir, desde un estrato hacia el inmediato superior. Esto, raíz de la pérdida progresiva en el poder de compra en manos de la inflación».

2. La situación individual a partir de empleo: «Se detuvo la creación. El sector privado dejó de generar puestos de trabajo y esto también explica por qué la dinámica social se ha detenido», afirma.

Si se compara la actual pirámide con la del año pasado, también salen a la luz otras alteraciones en los dos extremos:

• La clase alta -que reúne al 5,1% de la población- se achicó un 0,4%.

• La clase baja -que concentra al 46,7%- se incrementó un 0,2%.

Al analizar la composición social, otro aspecto resulta digno de mención:

• La clase media (alta y típica) reúne en conjunto casi la misma cantidad de integrantes que la clase baja.

Esto, en otras palabras, implica que:

• Pese a que ocho de cada diez se sientan parte del segmento medio, en realidad hay tres de esos ocho que están un peldaño más abajo.

Rasgos que la definen

Poder identificar a un clase media a partir de sus ingresos siempre ha sido un tema clave para las empresas, analistas de marketing y expertos en consumo.

Más allá de los aspectos cuantitativos (nivel salarial) existen otros factores de tipo cualitativos (nivel cultural) que los distingue respecto de las puntas de la pirámide socioeconómico.

A su vez, de todos ellos, hay dos que adquieren una relevancia particular:

1. Tener trabajo

Este aspecto es fundamental no sólo para poder mantener un determinado standard de vida asociado a este estrato, sino por lo que significa en términos de inclusión, autoestima y relacionamiento con su entorno social.

«Aunque resulte curioso, en la Argentina este segmento se identifica a sí mismo como clase netamente asalariada», destaca Oliveto, en alusión a la importancia que tiene para sus integrantes el mantenerse laboralmente activo.

Además, les permite moverse en la «rueda consumista» y adquirir cierto tipo de productos que son los que tradicionalmente se han emparentado con este estrato.

En todos estos años, desde el propio Gobierno se fomentó la adquisición de distintos bienes como base del progreso social. Y -entre ellos- el 0Km se consagró como el emblema.

El auto, junto con determinados tipos de bienes y servicios (como los viajes al exterior o productos tecnológicos), han funcionado como una «chapa identificatoria» para que una persona pueda mostrarle a su entorno el ascenso logrado dentro de la pirámide, luego del trauma que significara la crisis de 2001.

Como parte del movimiento social ascendente que se diera hasta hace unos años, cobró especial relevancia un fenómeno que los analistas califican como «la nueva clase media trabajadora».

Es decir, un extenso grupo de asalariados que por estar comprendidos en convenios colectivos de sindicatos con fuerte poder de negociación, se han beneficiado con aumentos muy superiores a los obtenidos por aquellos perfiles históricamente emparentados con la clase media típica, como por ejemplo los empleados administrativos.

Trabajadores del sector de camioneros, portuarios, metalúrgicos, aceiteros, telefónicos o petroleros forman parte de esta larga lista de personas que, en base al poder de los sindicatos, han podido escalar en la pirámide de ingresos.

2. Vivienda

En el caso de la vivienda propia, este aspiracional se ha ido transformando en un objetivo cada vez más lejano para muchas personas.

No obstante, la posibilidad de «ser dueño» y no inquilino aún se mantiene como una objetivo a cumplir, aunque la realidad sea demasiado tirana en este sentido.

Para quienes aspiran a tener su techo en un barrio de buena demanda, la situación se presenta muy compleja. A modo de ejemplo, el valor de mercado de un departamento a estrenar de tres ambientes en estas zonas ronda los u$s180.000.

Financiar el 50% (u$s90.000), implica afrontar $43.000 como cuota mensual de un crédito hipotecario. En tanto, la renta de esa misma unidad ronda los $7.000.

En otras palabras, la relación cuota-alquiler trepa a 6 veces.

«La relación entre los alquileres y la cuota hipotecaria está rota. O está barata la renta o alto el precio de la propiedad», afirma Francisco Gismondi, analista de Empiria.

El aspiracional del «techo propio» también tiene que ver con la historia de un país caracterizado por crisis económicas cíclicas, en el que la vivienda propia es vista como un sinónimo de protección frente a estos cambios.

Sobre este aspecto, Oliveto puntualiza: «En una nación de oscilaciones bruscas como lo es Argentina, ser propietario funciona como una suerte de reaseguro ante los vaivenes de las crisis».

Agrega que el «techo propio» es «una de las grandes asignaturas pendientes del kirchnerismo».

Lecciones

Además de poder colgarse el cartel de «dueño», la clase media se identifica fuertemente con el acceso a otro tipo de bienes.

Oliveto destaca que el poder de compra resulta un factor clave para este estrato social, a tal punto que tiene un peso central a la hora de decidir el voto.

«Mantener el consumo y el empleo forman parte de un contrato no escrito que el kirchnerismo ha firmado con la sociedad desde sus comienzos en el poder», describe un empresario que pidió no ser mencionado.

En lo que se refiere al primero, para Oliveto «mantener el ritmo de compras hoy día ya es tomado como un derecho adquirido más que como una posibilidad. Por este motivo, cuando se frena, inmediatamente se pierde el apoyo de parte de la clase media».

El experto señala que en la actualidad, quienes integran el centro de la pirámide buscan estar a la vanguardia en la «adquisición de productos de tecnología, indumentaria y electrodomésticos».

Por otro lado, destaca Oliveto, del análisis de la pirámide poblacional actual se desprende que:

• Tras doce años de gestión kirchnerista, se incorporaron a los sectores medios muchas personas que la crisis de 2001 había arrastrado a la base de la pirámide.

Pese a esa movilidad ascendente, el resultado es que aún el 48% de la población sigue siendo de clase baja.

• «La brecha de la pirámide aún resulta importante», destaca Oliveto. De hecho, entre los dos extremos es de 30 veces, medida en términos de ingresos promedios.

El director de W consultora resalta que, al cierre del período kirchnerista, todavía «hay varias asignaturas pendientes».

Y concluye que la próxima gestión deberá tener en cuenta que «desde la lógica del consumo, hay una necesidad de gradualismo en el proceso político»./iprofesional.com

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